Urgido de un cambio, Hipólito

Si se acerca a la perfección el sondeo electoral  hecho en noviembre por Gallup y si es parte de una estrategia política el distanciamiento Hipólito-Miguel, entonces el Partido Revolucionario Dominicano no llega a diciembre con el mejor posicionamiento, como se esperaba a partir del grave impacto de la crisis económica y social en los sectores medios y bajos de la pirámide social y de la sordera y arrogancia de algunos de los funcionarios gubernamentales.

La Gallup Dominicana, franquicia de la estadounidense, en su trabajo de campo realizado el 11 y el 14 de noviembre, determinó que, al momento, Hipólito Mejía, candidato presidencial del opositor Partido Revolucionario Dominicano, oscilaba en el 47,9 por ciento mientras que oficialista Danilo Medina se movía sobre el 42.6 por ciento.

El mismo diario Hoy, cliente de la encuestadora, se encargó de recordar en la publicación de la primera entrega (lunes 21 de noviembre) que en el anterior estudio de opinión, en agosto, el candidato perredeísta registró igual porcentaje, mientras el peledeísta obtuvo un 33,4 por ciento. Es decir, el primero luce congelado y el segundo remonta nueve puntos porcentuales.

Desde el sector miguelista se alega que tal estancamiento es indicador de la importancia de su líder y de la no integración total de sus adeptos al activismo político. Mejía y sus estrategas sostienen que la integración perredeísta ronda el ciento por ciento. Miguel Vargas es el presidente del PRD.

Simulado o no, el conflicto lleva consigo riesgos de merma en la popularidad, pero al parecer otros fallos habrían ocurrido en otros niveles que la candidatura blanca ha desacelerado inesperadamente su crecimiento exponencial, a seis meses de las elecciones del 20 de mayo.

Y una de las razones potentes quizás sea el discurso aconsejado a Hipólito por sus estrategas, más la entrada a escena de la maquinaria del Partido de la Liberación Dominicana, con su fórmula electoral estructurada y el respaldo del presidente Leonel Fernández y todo lo que él implica en términos de poder y de carisma, sin descontar aciertos y desaciertos en sus ejecutorias.

La corrupción administrativa y el narcotráfico son dos temas de altísimo interés mundial. Apetecibles para cualquier político dominicano, vistos los daños que tales lacras provocan a la sociedad; mas aquí la mediatización y la politización alegres de problemas tan cruciales, han provocado que le sepan a tayota sin sal a la población y que, por tanto, poco tengan que ver con el ejercicio de votar. Si no, Guillermo Moreno y Narciso Isa Conde hoy serían presidente.

Desde siempre, los corruptos y narcotraficantes, privados y públicos, provocan sensación en la sociedad con su profusión de bienes de lujo porque el dinero, sin importar su procedencia, ha sido presentado como el patrón de éxito y honestidad. Y se ha enseñado que la droga y la corrupción paren mucho dinero, y que la sangre derramada poco importa. Las han hecho atractivas a través de la común impunidad judicial y la recurrente difusión de los sus excelentes precios.

Narcos y corruptos, privados y públicos, constituyen el más grande “partido político” del sistema; no legalizado por la Junta por su carácter subterráneo, pero imprescindible negociar con él aunque sea con anteojeras y pañuelo en la nariz. Ya son una plaga resistente a los pesticidas existentes en el mercado.

Así que con el discurso actual caracterizado por consignas  anticorrupción, antinarcos y amenazas de encarcelamiento, el puntero Mejía quizás solo ha logrado abonar el relajamiento del tema, compactar al oficialismo y aterrorizar a sectores de poder que se mueven bajo la sombra.

Al universo de votantes, apremiado por necesidades primarias, parece que para fines electorales le importan un bledo el narcotráfico y la corrupción, pese al encantamiento de los consejeros políticos y organizaciones no gubernamentales afanosas por justificar fondos internacionales.

Con todo y el justificado malestar acumulado en la sociedad carenciada, el candidato oficialista llega a fin de año con un porcentaje relativamente alto que, aunque menor que el de su opositor, avizora un round final muy cerrado en el cual los partidos aliados serían determinantes para pasar la meta del 50 por ciento. Y ante este escenario, éste apunta a ser ganador, si Mejía no cambia hacia la dirección correcta.

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