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Vargas Llosa, de la cárcel del papel a la simulación de la vida

Vargas Llosa, de la cárcel del papel a la simulación de la vida
Vargas Llosa, de la cárcel del papel a la simulación de la vida

Mario Vargas Llosa

MADRID, España,- Aunque la primera «vocación» de Mario Vargas Llosa fue el teatro, pensó que ya que había decidido ser «un marginal», es decir, escritor, optaría por la narrativa. En 65 años ha creado 9 obras, todas a partir de 1983, y ha sido actor, saltando «de la cárcel del papel» a «la simulación de la vida».

Vargas Llosa, que el día 28 cumplirá 80 años, escribió cuando solo tenía 15 «La huida del Inca», una pieza que no se ha estrenado ni publicado aunque en aquella misma época logró dedicar su primer artículo periodístico a la escena, «Esfuerzo a favor del teatro en el Perú» (La Crónica de Lima, 16 de febrero de 1952).

De ser el «marginal» que barruntaba a convertirse en un «personaje» con y en la literatura no transcurrió demasiado tiempo, pero sí mucho desde que escribió aquella pieza teatral hasta que se atrevió con la segunda: casi 30 años.

En 1981 llegó «La señorita de Tacna», a la que siguieron «Kathie y el hipopótamo» (1983), «La Chunga» (1986), «El loco de los balcones» (1993), «Ojos bonitos, cuadros feos» (1996), «Odiseo y Penélope» (2007), «A orillas del Támesis» (2008), «Las mil noches y una noche» (2009) y «Los cuentos de la peste» (2015).

España ha sido el primer país que se ha propuesto montar todo su teatro, una tarea emprendida en 2013 por el Teatro Español y su director de entonces, Natalio Grueso.

Desde entonces se han llevado a sus tablas «El loco de los balcones», «La chunga», «Kathie y el hipopótamo» y la que escribió expresamente para estrenarla en ese teatro, «Los cuentos de la peste», protagonizada por su «musa teatral», Aitana Sánchez-Gijón, y él mismo.

En cada presentación, Vargas Llosa ha ido devanando el hilo de su producción dramatúrgica y ha revelado que está persuadido de que si se hubiera iniciado con el teatro, su «gran amor» y «príncipe de los géneros», se habría «condenado» a no ver nunca «una obrita» suya representada.

Le gusta el teatro, dice, porque hace vivir la ficción con una «autenticidad» y una «profundidad» que no consigue ningún otro género pero sus experiencias con el habían sido siempre «modestas» hasta que le llegó «el reconocimiento» de la iniciativa de Grueso.

Al ver «puesto en vertical» lo que nació «en horizontal» se ha llevado siempre «sorpresas», «a veces no gratas» pero otras, como con «La Chunga» -20.000 espectadores en 58 funciones-, «gratísimas».

El autor de «Pantaleón y las visitadoras» creó a la Chunga para su relato corto «La casa verde», con ella de niña, pero el personaje se le quedó en la memoria «protestando por no haber explotado todas sus posibilidades» y así fue como se transformó en obra de teatro que, desde su estreno, se ha representado en más de 20 países.

No obstante, nunca pensó que adquiriría «semejante» vida, como tampoco él imaginó de sí mismo que se convertiría en «un personaje».

«Cuando yo empecé -explicaba en 2013-, ser un escritor peruano era elegir una vocación que le condenaba a uno a lo marginal porque, en aquel entonces, en mi país no había ninguna editorial».

Al presentar la segunda, «Kathie y el hipopótamo», protagonizada por Ana Belén, Vargas Llosa desveló que esa reflexión sobre realidad y ficción nació de su experiencia real como «negro» literario de una adinerada dama que vivía en París y que tenía «ideas pero no palabras».

Al año siguiente, al presentar «El loco de los balcones», un alegato idealista protagonizada por un «quijote» llamado Aldo Brunelli, que encarnó José Sacristán, confesaba que le «llenaba de alegría» que su teatro «empezara a vivir».

Para «Los cuentos de la peste», el Nobel quiso encarnar a sus entonces casi 79 años a un personaje de su teatro, «resucitado» cuando «hasta él» lo creía muerto.

Fue el duque Ugolino, «un noble solterón, amigo de la caza y la aventura», enamorado de la condesa de Santa Croce, de nuevo Sánchez Gijón.

«Después de una vida soñando historias uno puede convertirse en actor de ella, vivir la ficción desde dentro, no solo inventarla. Es una experiencia que jamás tiene un escritor», detallaba sobre su rol de actor.

Siempre se ha sentido «privilegiado» por tener «la suerte» de la compañía de Sánchez Gijón, «no sólo por lo buena actriz» que es sino porque habla de literatura «con solvencia».

Su debut juntos fue en «La verdad de las mentiras», que se puso en escena por primera vez en 2005, en Barcelona (noreste de España) y fue también su «primera vez» como intérprete, «una experiencia aterradora» que culminó con una «sensación maravillosa de plenitud y de extraordinaria exaltación».

Al año siguiente hicieron en el Festival de Mérida (oeste de España) «Odiseo y Penélope» y en 2008 «Las mil y una noches», que se estrenó en los Veranos de la Villa (Madrid), donde al escritor se le notaba con más tablas, aunque con «el pánico escénico» «vivito y coleando», decía.

Con «Los cuentos de la peste», su «musa» le «reprochó» que desde que le dieron el Nobel -en 2010- no dejaba que «le cambiaran una coma», a lo que él respondía raudo, y autor más que actor al fin, «¡Mentira!, me han cambiado, me han suprimido…».

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