Santo Domingo.– Que el SNS tenga que reportar 52 menores intoxicados con alcohol en Navidad y Año Nuevo es una vergüenza nacional que se repite, año tras año, como si fuera «normal».

No lo es: es negligencia adulta, permisividad social y una falla de control que termina en salas de emergencia.

No bastan llamadas a la «corresponsabilidad«; hacen falta consecuencias reales para quienes facilitan el acceso y más prevención comunitaria sostenida.

La niñez no se celebra poniendo su salud en riesgo.