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Vía contraria: Informalidad de los formales

Cualquiera pensaría –al leer el último discurso de Manuel Diez Cabral, presidente del Conep, ante la Cámara Americana de Comercio- que la informalidad es la raíz de todos los males en la economía o que resulta, cuando menos, un jinete del apocalipsis.

De ahí que en el pacto a favor del empleo formal, esquematizado por la élite empresarial, combatir la estructura informal de la actividad económica es un tiro al blanco para producir un cambio milagroso en el sistema productivo.

El Conep está tan convencido de que la informalidad es nuestro gran handicap contra el desarrollo, que hasta sugiere que crear trabajo formal sería como colocarse bajo las alas protectoras de un Cristo de la libertad.

En ese contexto, Diez Cabral es casi mesiánico y redentorista adrede. Por eso estructuró un discurso adobado de frases y expresiones emocionales y emocionantes, aunque en el camino deja vacíos fundamentales.

Me habría gustado que se refiriera a fondo a la informalidad de los formales, una masa de empresarios con registro mercantil, inscritos en la Dirección de Impuesto Internos y en la Tesorería de la Seguridad, pero que son bipolares.

Es decir, usan la formalidad como fachada y por detrás diseñan y ponen a funcionar prácticas informales veladas para “defenderse” del fisco y hacer reportes acomodados a la TSS, porque “la doble tributación se traga a cualquiera”.

Me llamó la atención que, en su fijación con la informalidad como factor distorsionante, Diez Cabral hablara de una “ética del empleo”.

Probablemente un código de ética funcional y sancionador  a lo interno de la cúpula empresarial jugaría un rol de primer orden en la aniquilación de la informalidad de los formales, que debe tener un impacto brutalmente mayor en el desarrollo del país.

Un empresario evasor es un criminal neto, porque sustrae dinero público que pudiera servir para evitar la muerte física de niños en hospitales sin medicinas ni materiales médicos o el deceso espiritual de quienes carecen de escuelas.

La lucha es, señores empresarios, en dos terrenos: contra la informalidad en sí y contra la informalidad de los formales que están entre ustedes.

 

 

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