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Vía Contraria: Las víctimas

Victor Bautista

No quisiera estar en los zapatos ni asistir al Jetsemaní (símbolo por excelencia de la tristeza agónica) de las personas a quienes defino como víctimas de la transición y que se mueven en dos planos: las que quieren entrar y las que desean quedarse, las dos partes arropadas por la fascinación tropical de los cargos públicos.

La espera de señales, de la invitación al Congreso o la fiesta palaciega y hasta de algún rumor favorable o no, causa incertidumbre, angustia, insomnio y depresión. La decisión del presidente electo de no recibir a funcionario alguno, crea, por un lado, desasosiego y, por otro, expectativas.

Pero los dos sentimientos llevan al mismo puerto: la ansiedad, un trastorno que puede matar, generar desequilibrios, pérdida de control. Sin proponérselo, este silencio espeso de Danilo Medina está incrementando exponencialmente la clientela potencial de los siquiatras.

Ha desatado paranoia, celos estúpidos, encierros, enclaustramientos, trampas, chismes, rumores, quiebra de relaciones amistosas, sospechas y, en fin, pérdida de la tranquilidad y hasta de la calidad humana. Es, para muchos, una suerte de limbo dantesco, en donde no están definidas la redención ni la condena.

Hay quienes se han vuelto monosilábicos y esquivos. Administran la opinión con rigidez en espacios públicos y privados, como si el temor a un “big broher”  los coaccionara y los hiciera morderse la lengua. Es la expresión del horror de quedarse fuera del poder.

El modelo de silencio impuesto por Medina (indicador de que caminamos hacia un gobierno de hechos, de controles y no de palabrarías huecas, de exhibicionismo, merengue y allante) viene muy bien, pero ha puesto sobre la mesa la ontología del ente dominicano, que necesita un rescate moral.

No puede ser que el alfa y omega de la vida sea un puesto público. La gran apuesta debería ser un gobierno institucional, efectivo, funcional, que establezca las condiciones, el ambiente y la garantía para el desarrollo colectivo e individual. Esa sería la piedra filosofal y la palanca para una sociedad digna.

Víctor Bautista

@viktorbautista/[email protected]

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