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Vía Contraría: Pajas para garzas

Desesperadas y con mucha premura, ciertas instancias estatales tratan de convencernos de que han logrado avances en el primer año de gobierno mientras que, condescendientes y acríticos, algunos medios de comunicación le prestan ayuda para construir su ilusión óptica.

Sin embargo, los enunciados difundidos como metas alcanzadas no resisten el análisis y en una lectura plana, sin mucho esfuerzo interpretativo, sale a relucir el intento por tomar el pelo a los incautos bajo un supuesto alojado en el subconsciente de algunas cabezas retorcidas: el dominicano sólo lee titulares.

Como saben que pronto exhibirán el refajo –y que el crisol del tiempo inexorable es determinante- tratan de ganar terreno en una franja de la opinión pública sumida en su insoportable levedad que no trasciende los encabezados de las noticias, en algunos casos por razones pecuniarias y no por inocencia o falta de conocimiento.

Desde que tomé el recodo para ir hacia la comunicación corporativa como ejercicio profesional, he aprendido que no existe un discurso más poderoso que aquél anclado en cadenas de hechos incontrovertibles. Es el único que gana respeto, admiración y capital reputacional.

La estrategia de comunicación articulada sobre la base de mentiras o verdades a medias tiende a desinflarse en corto plazo y, por supuesto, acarrea crisis de imagen mucho más costosa de subsanar. Puede devenir también en una bola de nieve creciente, destructora de los cimientos de la misma fuente que la generó.

El maestro Manuel Quiterio Cedeño siempre nos advertía –cuando apenas balbuceábamos en periodismo- sobre la plataforma viciada del “declaracionismo”, una práctica propia de políticos, sindicalistas, funcionarios, empresarios, líderes comunitarios y otros, quienes cifran el éxito de sus proyectos  en la cantidad de citas conseguidas en los periódicos o apariciones en televisión.

Lo peor es que hablan de sí mismos, se autoevalúan desde un “yo impúdico” ante la imposibilidad de que, voluntariamente, lo hagan terceros seducidos por las realizaciones, que son el mejor testimonio.  Lo demás es paja para garzas y risibles rendiciones de cuentas.

 

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