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Viagra, 20 años del rombo azul que acabó con el tabú de la impotencia

Viagra, 20 años del rombo azul que acabó con el tabú de la impotencia
Viagra, 20 años del rombo azul que acabó con el tabú de la impotencia

WASHINGTON.- La píldora Viagra, ese rombo azul que revolucionó el sexo, celebró esta semana el vigésimo aniversario de su aprobación por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos, un hito que acabó con el tabú de la disfunción eréctil.

Fue el 27 de marzo de 1998 cuando Viagra de la farmacéutica estadounidense Pfizer se convirtió en el primer medicamento destinado a ayudar a los hombres a conseguir una erección.

La farmacéutica Pfizer descubrió accidentalmente la píldora mientras trabajaba en un tratamiento para la hipertensión y la angina de pecho. La medicina no tenía un gran efecto en el tratamiento de esas enfermedades, pero podía provocar erecciones en un periodo de entre 30 y 60 minutos tras su ingesta.

Al ver su potencial económico, la farmacéutica patentó en 1996 la píldora Viagra y, dos años después, consiguió la aprobación de la FDA para comercializar el medicamento con el objetivo de tratar la “disfunción eréctil”, el nuevo término clínico que sustituyó al estigma de la “impotencia masculina”.

Desde su aprobación en 1998, en todo el mundo se han firmado 65 millones de recetas de la marca de la farmacéutica Pfizer.

El mayor cambio de Viagra, cuyo principio es el sildenafil, que ahora compite con medicamentos similares de otros laboratorios como Cialis, se produjo en la vida privada de los hasta 30 millones de hombres que sufren disfunción eréctil en Estados Unidos, según datos de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH por su sigla en inglés).

El rombo azul conquistó a la puritana sociedad estadounidense y encontró aliados entre importantes políticos, como el republicano Bob Dole, que promocionó la Viagra en un famoso anuncio televisivo y llegó a participar en ensayos clínicos previos a su comercialización.

Dole, de 94 años y que fue diagnosticado con cáncer de próstata en 1991, defendió en varias ocasiones el medicamento porque “había cambiado su vida”.

“Cuando me diagnosticaron cáncer de próstata, en primer lugar me preocupó el cáncer, pero también los efectos secundarios, la disfunción eréctil, también conocida como impotencia. Da un poco de vergüenza hablar sobre ello, pero es importante para millones de hombres y sus compañeras”, dijo Dole en su célebre anuncio.

Más allá de la política, la píldora acabó ocupando un importante lugar en las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, que solo en 2014 se gastaron 84,24 millones de dólares en medicamentos contra la disfunción eréctil, según datos de la revista especializada Military Times.

El rombo azul incluso fue usado por la CIA como moneda de cambio para conseguir aliados en Afganistán en 1998, según recogieron entonces medios locales.

Convertida en un fenómeno de masas, Viagra tuvo que buscar una forma de acomodar a todos los bolsillos y, por eso, en 2017 la farmacéutica Pfizer lanzó una nueva variante: una píldora genérica más barata y que cambiaba su característico color azul por un discreto blanco.

“Creemos que la historia de Viagra no ha acabado. Esto es solo un nuevo capítulo”, dijo el presidente de la marca en Estados Unidos de Pfizer, Jim Sage, durante el lanzamiento de la nueva pastilla.

De esa forma, la versión genérica pasó a costar un dólar, un preció mucho más accesible que los 50 de los últimos años.

Las mayores críticas a Viagra han venido por parte de colectivos feministas, como la Organización Nacional para las Mujeres (NOW) de Estados Unidos, que durante años consideró que las mujeres habían sido apartadas de la revolución sexual que trajo esa píldora.

Finalmente, en agosto de 2015, la Administración de Alimentos y Medicamentos permitió a la farmacéutica Sprouts sacar al mercado la “Viagra femenina”, cuyo nombre comercial es Addyi y que está pensado para las mujeres premenopáusicas que sufren anorexia sexual, es decir, la pérdida de cualquier deseo sexual.

La píldora para mujeres, de color rosa, no está exenta de polémica, pues colectivos científicos de Estados Unidos dudan de la posibilidad de tratar la falta de apetito sexual y avisan de las técnicas de publicidad de las farmacéuticas para incrementar sus ventas con la “venta” de libido.

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