Sin dudar en ningún momento sobre el rol de la mujer y la importancia de que la población femenina se haga escuchar, la Miss Universo, Fátima Bosch, revela de dónde sacó las fuerzas para levantarse tras ser humillada por un directivo del concurso.

La joven mexicana fue entrevista por Alicia Ortega. Dijo que se encuentra en el país como invitada del concurso Miss República Dominicana que se celebrará este jueves al tiempo que conmemorará 70 años de historia.

¿Cómo han sido estos ocho meses desde que ganó el título de Miss Universo?

No creo que tenga que luchar para demostrar algo o ganarme algo. Yo gané esa corona. Participé una vez, es como un empleo: tú aplicas, presentas tu currículo y la organización decide qué cualidades busca ese año y a qué candidata va a elegir.

Tuve el honor y el privilegio de que me eligieran a mí, y es algo que asumo con mucha responsabilidad y humildad. Para mí, esa corona es trabajo. Es tener la oportunidad de conectar con distintas realidades, crear puentes y abrir conversaciones que quizás antes no se querían tener porque generaban incomodidad.

Durante una visita a Harvard respondió preguntas incómodas sobre el rol de la mujer. ¿Qué reflexión le dejó esa experiencia?

Cuando una mujer avanza y trabaja para abrir puertas para las demás, todas avanzamos como comunidad. Ese día, la sociedad cambia.

Existe una realidad en nuestra sociedad: las mujeres se esfuerzan el doble y muchas veces se les cree la mitad. Y esto no es algo en contra de los hombres, sino que forma parte de la educación y de la mentalidad con la que hemos crecido.

Cuando una mujer llega a un lugar privilegiado, se le cuestiona constantemente, mientras que rara vez ocurre lo mismo con un hombre. Nadie anda preguntando cuál fue su camino para llegar hasta ahí.

Se hizo viral cuando fue expulsada de una reunión del certamen tras negarse a guardar silencio. ¿Qué pensó en ese momento?

Pensé que ningún sueño debe costarte tu dignidad y que, no importa cuál sea tu aspiración en la vida, como mujer siempre tienes que darte tu lugar y reconocer tu valor.

Sí, pensé que el certamen había terminado para mí. Lo pensé durante cinco segundos antes de ponerme de pie. Me dijeron: “Cállate y siéntate; no puedes hablar si yo no te ordeno que hables”.

Recuerdo pensar: “Bueno, probablemente me quiten la banda y México ya no clasifique”. Pero nunca me iba a arrepentir de defender mis valores y aquello en lo que creo.

¿Pensó que las demás concursantes la apoyarían?

No. En ese momento, solo les dije a mis compañeras que eso no estaba bien, que no podíamos esperar ser la voz del universo si ni siquiera éramos capaces de defender nuestra propia voz.

Yo estaba muy enojada y temblando. Salí junto a Janine, Miss Irak, y después me enteré, a través de videos, de que las demás concursantes también habían abandonado la reunión en solidaridad. Eso me conmovió muchísimo.

Como Miss Universo, ha trabajado con distintas causas sociales. ¿Cuáles son las que más le apasionan?

En República Dominicana participé en actividades relacionadas con el autismo, gracias a la invitación de Magali y Jennifer, quienes trabajan activamente con el tema.

Yo desconocía muchos aspectos del autismo, pero me invitaron a participar en un foro para apoyar a estos niños y sus familias.

Usted es disléxica, hiperactiva y tiene déficit de atención. ¿Cómo ha influido eso en su vida?

Me diagnosticaron cuando tenía ocho años. Por eso me interesa tanto hablar sobre la neurodivergencia. Tenemos que normalizarla y educar a la sociedad para que pueda entenderla.

Como mujer neurodivergente, sé que muchas veces las diferencias te cierran puertas. La gente no está acostumbrada a tratar con aquello que no conoce, por lo que tiende a juzgar y etiquetar.

Eso no puede seguir pasando, porque está comprobado que los niños neurodivergentes tienen muchísimas habilidades que debemos ayudar a desarrollar, en lugar de enfocarnos únicamente en aquello que les cuesta más.

En un mundo donde las reinas de belleza son también marcas, ¿cómo evita convertirse en un producto?

Creo que la manera en que las personas decidan verte es algo muy personal. Las personas educadas entienden que nadie puede ser un producto. Siempre existe algo más allá: tu historia, tu educación y todo lo que tienes para aportar.

¿Cuál ha sido el mayor costo personal de convertirse en Miss Universo?

El tiempo con mi familia. Viajo constantemente y me pierdo cumpleaños y celebraciones importantes. Ese ha sido, sin duda, el mayor sacrificio.

Si mañana le quitaran la corona, ¿qué quedaría de Fátima Bosch?

Lo que siempre he sido. No creo que una corona le dé o le quite valor a ninguna mujer. Lo importante es lo que tienes en el corazón y ser capaz de sostener tus valores, incluso en un mundo que muchas veces te pide que los olvides.

¿Qué consejo le da a las jóvenes que sueñan con convertirse en Miss Universo?

Que crean en ellas mismas y que no tengan miedo de avanzar, de alzar la voz y de cambiar aquellas cosas que están preestablecidas.

Porque justamente cuando una mujer avanza, logra que el camino sea más fácil para las que vienen detrás y que ninguna tenga que volver a pasar por situaciones incómodas.