Redacción Internacional.- Aunque muchas personas cambian las fundas de las almohadas con frecuencia, eso no basta para mantenerlas realmente limpias. Con el paso del tiempo, el interior de las almohadas acumula bacterias, hongos, ácaros del polvo, restos de piel, sudor y aceites naturales que pueden afectar la salud respiratoria y la piel.
Especialistas en limpieza e instituciones médicas coinciden en que lavar las almohadas regularmente no es solo una cuestión de higiene, sino una medida importante para reducir la exposición a alérgenos y microorganismos.
La funda no evita la acumulación de microorganismos
La experta en limpieza Renata Cruz explicó a la revista House Beautiful que la transpiración, las células muertas y los aceites de la piel atraviesan la funda y terminan acumulándose dentro de la almohada.
Ese material orgánico crea un ambiente favorable para la proliferación de bacterias, hongos y ácaros del polvo. Mientras las bacterias pueden favorecer el mal olor y problemas como el acné, los ácaros se alimentan de los restos de piel y se reproducen en el relleno.
Los ácaros pueden agravar las alergias
La Asthma and Allergy Foundation of America (AAFA) advierte que los ácaros del polvo son uno de los principales desencadenantes de alergias durante todo el año. Sus desechos pueden empeorar enfermedades como el asma, la rinitis alérgica y la dermatitis atópica.
Entre los síntomas más comunes figuran estornudos, congestión nasal, ojos irritados, tos y dificultad para respirar.
Por ello, organizaciones como el American College of Allergy, Asthma and Immunology y la American Academy of Allergy, Asthma and Immunology recomiendan utilizar fundas antiácaros y lavar tanto la ropa de cama como las almohadas con agua caliente, a una temperatura mínima de 54 grados Celsius, para eliminar estos microorganismos de forma efectiva.
¿Cada cuánto tiempo conviene lavarlas?
La frecuencia depende del uso y de las condiciones de cada persona.
Renata Cruz recomienda lavar las almohadas cada tres a seis meses. Sin embargo, quienes duermen con mascotas, sudan en exceso, comen en la cama o padecen alergias deberían hacerlo con mayor frecuencia.
Por su parte, el inmunólogo Evan Li, del Baylor College of Medicine, aconseja lavarlas cada dos semanas con agua caliente para reducir la presencia de bacterias, hongos y ácaros.
Además, la National Sleep Foundation sugiere reemplazar las almohadas cada uno o dos años, ya que con el tiempo el lavado deja de ser suficiente para eliminar por completo la acumulación de ácaros.
Cómo lavar cada tipo de almohada
Antes de cualquier lavado, los especialistas recomiendan revisar las instrucciones del fabricante.
- Plumas y plumón: pueden lavarse en lavadora con agua fría y ciclo suave. Se recomienda usar poco detergente, realizar un enjuague adicional y secarlas a baja temperatura con pelotas de tenis para recuperar su volumen.
- Espuma viscoelástica (memory foam): no debe introducirse en la lavadora. Lo ideal es lavarla a mano con agua tibia y detergente suave, sin retorcerla, y dejarla secar completamente al aire.
- Poliéster: admite lavado en lavadora con agua tibia y ciclo suave. También es recomendable un enjuague extra y secado con calor moderado.
Los expertos insisten en que, independientemente del material, la almohada debe quedar completamente seca antes de volver a utilizarla, ya que la humedad favorece la aparición de hongos y puede anular los beneficios de la limpieza.