Los Ángeles, EE.UU.– Unas paradisíacas vacaciones en Tailandia se transforman en una pesadilla claustrofóbica en ‘The Devil’s Mouth’ (‘La boca del diablo’), un suspense que llevó al límite a su elenco con extenuantes jornadas de más de 13 horas sumergidos en aguas profundas de 12 metros para recrear el acecho de una feroz bestia.
«Todo lo que se ve es real. Algunas de esas aguas tienen entre 9 y 12 metros de profundidad, y hubo días en que filmamos secuencias enteras sin salir del agua», cuenta a EFE Lana Condor, quien interpreta a la joven Max, protagonista junto a Kathryn Newton en esta nueva producción que aterriza este miércoles en Prime Video.
Rodaje submarino y preparación extrema
Ambientada en las paradisíacas costas del país asiático, la trama sigue a un grupo de jóvenes cuyas vacaciones idílicas se convierten en una trampa mortal cuando un feroz depredador los acorrala en cuevas sumergidas.
El miedo se apodera del quinteto de amigos, que completan Gavin Casalegno, Nico Hiraga y Tommi Rose, atrapados en una pesadilla de la que nadie parece tener garantizada la salida.
La tensión claustrofóbica evoca la esencia del cine clásico de tiburones y resucita el terror a las profundidades marinas a través de un peligro tangible.
Para potenciar esa atmósfera de amenaza constante, el elenco se sometió a un riguroso trabajo que los llevó hasta Tailandia un mes antes del rodaje para sacarse las certificaciones de buceo y ensayar unas exhaustivas secuencias.
Durante ese tiempo, «Kathryn Newton y yo tuvimos mucho tiempo para ensayar juntas. La química surgió de forma natural porque, como elenco, teníamos que apoyarnos mutuamente, ya que es una película muy exigente físicamente y queríamos interpretar papeles que se salieran un poco de lo habitual», agrega Condor.
Un rodaje extremo bajo el agua
Tan exigente fue el rodaje que sometió al grupo a jornadas de entre 12 y 13 horas al día bajo el agua.
«Contamos con equipos de seguridad de buceo fenomenales que nos apoyaron y nos sentimos muy seguras. Si surgía algún problema, como que alguno de nosotros se quedaba sin fuerzas, siempre había alguien de seguridad para ayudarnos», precisa la actriz.
Como parte de esa preparación, el entrenamiento incluyó técnicas avanzadas de apnea. «Aprender a aguantar la respiración durante más tiempo es muy tranquilizador, pero luego aplicarlo en situaciones de tensión en el mundo real es fundamental», dice a EFE, por su parte, Nico Higara.
Apnea, seguridad y jornadas extenuantes
Esa cohesión en el set se refleja también en la ficción, donde la falta de entendimiento entre los integrantes del grupo acelera la catástrofe.
Una gran moraleja es la importancia de la comunicación, sobre todo cuando te enfrentas a algo que da miedo y que se vuelve aún más aterrador. Es fundamental estar en sintonía con quienes te rodean», explica a EFE Tommi Rose.
La comunicación marca la supervivencia
La inmersión en un escenario de terror se trasladó desde un primer momento al set de grabación, entre cuevas tenebrosas y decorados oscuros que hicieron que el peligro se sintiese genuino entre el grupo.
Lo que diferencia al terror de cualquier otro género es que se siente la emoción en el set. El ambiente en el set se sentía súper real, impresionante, igual de aterrador, así que fue muy gratificante meternos de lleno en el papel», indica a EFE Gavin Casalegno.
Más allá de todo el titánico esfuerzo físico y psicológico que enfrentaron para el proyecto, la clave de este suspense reside en el miedo que obtiene el espectador por el destino fatal de los personajes a medida que avanza la trama.
«Todo se pierde si no te importa lo que les pase. Creo que el miedo surge de pensar en que quiero que todos salgan ilesos de esta situación. No quiero que nadie muera», sentencia Rose.