Bogotá.- Nayeli Gutiérrez sobrevivió al reclutamiento forzado cuando era una niña y hoy su historia guía el recorrido por ‘Volver a florecer’, una exposición que, a través del arte y la memoria, reconstruye las huellas que el conflicto armado dejó en miles de menores colombianos, víctimas de un crimen que investiga la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Que nos reconozcan como víctimas, pero no para revictimizarnos, sino para que vean que también podemos ser algo importante, algo más allá de lo que fuimos», dice la joven a EFE mientras avanza entre flores y mariposas de papel que contrastan con los relatos de una infancia marcada por la guerra.
Para ella, la muestra, expuesta en las instalaciones de la JEP en Bogotá hasta el próximo 17 de agosto, representa una oportunidad para que el país deje de mirar a quienes sobrevivieron al conflicto únicamente desde el dolor y entienda «que también lograron reconstruir un proyecto de vida».
La exposición, organizada por la JEP junto con el Museo Nacional de la Memoria y el Centro Nacional de Memoria Histórica, reúne dibujos, fotografías, objetos y testimonios de sobrevivientes como Nayeli para reconstruir las huellas que dejó el reclutamiento forzado de menores y alertar sobre un crimen que, lejos de pertenecer solo al pasado, continúa afectando a niños, niñas y adolescentes en distintas regiones del país.
El recorrido comienza antes de que aparezcan las armas, con fotografías, ilustraciones y testimonios que muestran la pobreza, la ausencia del Estado y las fracturas familiares que hicieron vulnerables a miles de menores en distintas regiones de Colombia.
Más adelante, pantallas interactivas muestran conversaciones en redes sociales, aplicaciones de mensajería y videojuegos para explicar cómo los grupos armados también trasladaron a los entornos digitales las estrategias para captar la atención de los menores de edad y reclutarlos en sus filas.
Donde florece la memoria
La exposición continúa con dibujos de casas de techos rojos, árboles, caminos y familias sonrientes que llenan las paredes de la sala, hasta que los títulos rompen la aparente inocencia.
Al final del recorrido, una pared cubierta de flores de papel recibe a los visitantes con una frase que resume el espíritu de toda la muestra: «Florecer es recuperar la vida cotidiana y, a veces, también transformar la vida de los otros».
Ese mensaje también dialoga con el trabajo del Macrocaso 07 de la JEP, la investigación sobre el reclutamiento y utilización de niñas, niños y adolescentes durante el conflicto armado, cuyo expediente documenta 18.677 víctimas, en una de las investigaciones más amplias sobre este crimen en Colombia.
Sin embargo, para el presidente de la JEP, Alejandro Ramelli, la exposición no solo mira al pasado, porque el reclutamiento forzado de menores sigue presente en el conflicto armado colombiano, incluso después de la firma del Acuerdo de Paz de 2016 entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC.
Infortunadamente, es una tragedia que no ha terminado. Cada 20 horas se recluta a un niño en Colombia«, advierte Ramelli, al hacer un llamado para que el Estado, las escuelas, las familias y la sociedad unan esfuerzos para impedir que la violencia continúe arrebatando infancias.
Entretanto, la directora del Museo Nacional de la Memoria, Adriana González, asegura que la muestra busca acercar esas historias a quienes nunca vivieron el conflicto de cerca y demostrar que el reclutamiento sigue siendo un desafío para el país.
No solamente reconoce lo que pasó, sino lo que afirma.
Mientras los visitantes continúan el recorrido, Nayeli espera que su historia sirva para que ningún menor en Colombia vuelva a atravesar el mismo camino que ella recorrió.