SANTO DOMINGO, República Dominicana.- En su afán de perpetuar las ventajosas condiciones de su contrato con el Estado, la Barrick Gold emplea un doble lenguaje que no logra confundir a la opinión pública.

Por un lado proclama su disposición de mantener el diálogo con el Gobierno, mientras advierte al presidente Danilo Medina, en términos nada diplomáticos, que no renuncia ni hace concesión alguna con respecto a la aplicabilidad de su actual contrato.

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¿De qué dialogo habla, entonces, la Barrick?, ¿Cómo puede entenderse que de verdad se muestra receptiva, si esa conversación ha de hacerse de hecho, según la minera, de manera unilateral y según sus propias reglas y conveniencias, al aferrarse a que sus comentarios son realizados “bajo toda clase de reservas de derecho”?

El derecho que reclama, más allá de los términos contractuales o legales o de cualquier aspecto razonable, es el que implícitamente pretende negar al Estado en su legítima aspiración de que la Barrick pague un justo valor por el oro y la plata que explota.

En su carta al presidente Medina el 4 de marzo pasado, en respuesta a los planteamientos hechos por el gobernante en su discurso del 27 de Febrero ante la Asamblea Nacional, la Barrick emplea expresiones que contravienen el respeto y la consideración al jefe de Estado, ya que tras escudarse en una muletilla de “respetuosamente”, afirma que en su discurso a la nación hizo consideraciones que “no se corresponden con la realidad”. En otras palabras, que no estuvo apegado a la verdad o a señalamientos ciertos.

Aunque la Barrick trate de negarlo o lo interprete a su modo o particular interés, esto equivale a decir que el presidente Medina le mintió al país, ya que, según la Real Academia de la Lengua, realidad significa existencia real y efectiva de algo, así como verdad, lo que ocurre verdaderamente.

La Barrick debería cuidarse de usar un lenguaje menos arrogante y destemplado frente a un país que, a pesar de ser un pequeño punto territorial en el Caribe, tiene un historial de dignidad, patriotismo y defensa del interés general, como proclama su histórico himno nacional