Periódicamente vemos los indicadores en materia de educación en la República Dominicana.


Siempre nos encontramos con algo que parece un círculo vicioso, tan repetido que ya parece una etiqueta en el sistema educativo.


Me refiero al histórico déficit en lectura comprensiva, en matemáticas y, por supuesto, en lógica.


No me voy a suscribir a la posición radical de alguien que una vez dijo lo siguiente: “En este país pocos leen y los que leen no entienden.”


Sin embargo, lo innegable es que tenemos grandes lagunas en ese sentido.


No es algo tan simple, el déficit matemático y lingüístico impacta en la toma de  decisiones de calidad, limita la capacidad gerencial, impide comprender los fenómenos e interpretarlos correctamente.


Por eso tenemos tantos monigotes tomando decisiones por nosotros en el Estado.


Esa puede ser la razón por la que sufrimos la influencia de analfabetos ilustrados, agentes de atraso de esta sociedad.


Basta darse una vuelta de vez en cuando por las redes sociales para saber qué tipo de sociedad tenemos.


En estos espacios es posible ver una fotografía de esos déficits y sus efectos.


Se nota también en la calidad del debate, en los foros, en la formación de opinión pública, en las soluciones que aplicamos.


Lo más lamentable es el costo que estamos pagando para, en términos educativos, seguir en el atascadero, en el fango.