En el día de ayer el Senado tributó un merecido reconocimiento al economista Héctor Valdez Albizu por sus aportes al país desde el Banco Central.


Técnico, discreto, dedicado, metódico, Valdez Albizu y su equipo han fortalecido los fundamentos, la imagen, la reputación y la eficiencia de una de las instituciones más emblemáticas del Estado.


El gobernador tiene amigos, enemigos, apologistas y críticos, algo muy normal cuando se es influyente y sobre todo- cuando el éxito corona las acciones.


Pienso que en cuatro períodos de gobierno manteniendo la estabilidad macroeconómica, lo que más resalta en el Banco Central es el valor de la continuidad del Estado.


Cuando hablo de esto no me aludo a la necesidad de no reemplazar funcionarios, no. Me refiero a crear esquemas sistémicos que impiden rupturas en las instituciones, para reinventarse cada cuatro años.


El Banco Central es un lugar altamente técnico y allí no van los compañeritos a buscar empleos como contraprestación por sus aportes a la campaña.


A mi juicio, Valdez Albizu ha manejado con mucho celo el rigor técnico y la credibilidad de la institución a su cargo.


Podremos estar o no de acuerdo con sus métodos; nos puede caer bien o mal (dependiendo de las subjetividades y de los egos que le miren), pero creo que el gobernador encarna un ejemplo sobre cómo deberían preservarse las instituciones del Estado.