SANTO DOMINGO. – A un año de la tragedia del Jet Set, el doctor David Cuevas, intensivista y la doctora Laila Martínez, nefróloga médicos del Hospital Traumatológico Ney Arias Lora recordaron que uno de los momentos más devastadores durante la emergencia no ocurrió solo dentro de las salas de cuidados intensivos, sino también frente a los rostros desesperados de familiares que acudían al centro en busca de sus seres queridos y descubrían que no estaban allí.
Durante una entrevista en el programa El Despertador, la nefróloga Delayda Martínez confesó que esa fue una de las experiencias más difíciles que vivieron como personal médico la madrugada del colapso.
“Lo más difícil al principio era cuando llegaban muchas personas buscando a sus familiares y, al revisar, ese familiar no estaba. Nos decían: ‘Doctora, revise de nuevo, me dijeron que estaba aquí’, y no poder decirles que sí era emocionalmente devastador”, relató la especialista.
Martínez explicó que, en muchos casos, los parientes llegaban con la esperanza de encontrar con vida a sus familiares, pero algunos habían fallecido antes de llegar al hospital y eran trasladados directamente al Instituto Nacional de Patología Forense, lo que convertía al Ney Arias en el último lugar al que acudían aferrados a una posibilidad.
El caso de Alba Montero
Los médicos también recordaron otros episodios que los marcaron profundamente, entre ellos el caso de Alba Montero, la última paciente sobreviviente ingresada tras la tragedia, cuya lucha por la vida se prolongó por más de 30 días.
El doctor David Cuevas explicó que la paciente permaneció atrapada bajo los escombros durante más de ocho horas, sufriendo un severo síndrome de aplastamiento que derivó en múltiples complicaciones, entre ellas insuficiencia renal irreversible, rabdomiólisis y fallos sistémicos.
Complicaciones médicas
El especialista bajó la mirada al recordar que, a pesar de los esfuerzos de un equipo multidisciplinario, la joven no logró sobrevivir.
“Ese fue un caso que nos marcó a todos. Era una mujer joven, madre de tres hijos, con una familia totalmente entregada. Fueron momentos de mucha presión porque sabíamos, desde el punto de vista médico, que no iba a sobrevivir, pero cada día había que hablar con la familia sin perder la esperanza”, expresó el intensivista Cuevas.
Los especialistas explicaron que Alba recibió diálisis continua, múltiples cirugías, transfusiones masivas y atención permanente durante más de un mes.
Su evolución mantuvo al personal médico en una tensión constante, no solo por la gravedad del cuadro clínico, sino también por el vínculo humano que se formó con ella y sus familiares.
“Vivíamos para esa paciente. Todos los días estábamos pendientes de ella”, agregó Martínez.
Impacto emocional en el personal
Ambos médicos coincidieron en que la tragedia dejó huellas imborrables en el personal sanitario, que enfrentó jornadas sin descanso, presión extrema y el peso emocional de acompañar tanto a sobrevivientes como a familias marcadas por la pérdida.
“En la universidad no te preparan emocionalmente para algo así. Uno aprende a tratar heridas físicas, pero no el dolor de mirar a una familia y no poder darle la respuesta que espera”, concluyó Martínez.
