Santo Domingo. – El ingeniero estructural Andrik Soto advirtió que las edificaciones levantadas de manera informal en los barrios representan el mayor riesgo para la población en caso de registrarse un terremoto de gran magnitud en República Dominicana.
Soto aseguró que muchas de ellas colapsarían por no cumplir con los requisitos mínimos de construcción.
Durante una entrevista en El Despertador, Soto afirmó que su principal preocupación no son las torres ubicadas en sectores como Naco o las zonas altas del Distrito Nacional, sino las viviendas que han sido ampliadas sin supervisión técnica.
«A mí no me preocupan las torres de Naco ni de las zonas altas de Santo Domingo, sino las casas construidas en los barrios», expresó.
Explicó que los edificios modernos levantados en el polígono central generalmente cumplen con el Código Sísmico Dominicano, están construidos sobre terrenos firmes y son diseñados y supervisados por profesionales calificados.
En contraste, señaló que en numerosos barrios existen viviendas construidas de forma progresiva, sin estudios de suelo, sin planos estructurales y utilizando materiales de baja calidad.
Advierte sobre construcciones de hasta cinco niveles
Como ejemplo, describió el caso de una vivienda levantada inicialmente para una familia y que, con el paso de los años, fue ampliándose para alojar a los hijos, agregando nuevos pisos sin reforzar la estructura original.
Según explicó, muchas de estas edificaciones fueron construidas con bloques artesanales, mezclas elaboradas sin control técnico y sin supervisión de ingenieros.
«El día que venga un terremoto, lamentablemente a esa familia habrá que sacarla de los escombros», advirtió.
El especialista estimó que existen decenas de miles de viviendas en condiciones similares distribuidas en distintos sectores del Gran Santo Domingo y otras provincias.
Construcciones en laderas agravan el riesgo
Soto también mostró preocupación por las viviendas levantadas en laderas y zonas de difícil acceso, como ocurre en sectores del Café de Herrera, donde muchas casas descansan sobre soportes improvisados y muros de bloques.
A su juicio, esas edificaciones tienen una alta probabilidad de colapsar durante un movimiento sísmico de gran intensidad.
República Dominicana tiene un código sísmico, pero persiste la informalidad
El ingeniero recordó que el actual Código Sísmico Dominicano entró en vigencia en 2011 y aseguró que las edificaciones construidas bajo esa normativa ofrecen mayores garantías estructurales.
No obstante, indicó que el verdadero problema radica en la gran cantidad de construcciones informales que nunca fueron sometidas a evaluación ni aprobación de las autoridades competentes.
Afirmó que muchas de esas obras se ejecutan sin permisos, sin inspecciones y al margen de los controles establecidos por el Ministerio de Vivienda y Edificaciones (MIVED).
Pide educar a la población
Ante este panorama, Soto consideró que resulta prácticamente imposible reforzar o sustituir todas las edificaciones vulnerables del país, por lo que insistió en que la principal herramienta para reducir las pérdidas humanas es la educación.
Propuso implementar programas de capacitación desde las escuelas para enseñar a niños y adultos cómo actuar antes, durante y después de un terremoto, identificar zonas seguras y conocer el concepto del «triángulo de vida».
Asimismo, destacó la importancia de los sistemas de alerta temprana y de fortalecer la cultura de prevención frente a eventos sísmicos.
Zonas de mayor amenaza sísmica
El especialista explicó que las áreas con mayor peligro sísmico son aquellas ubicadas próximas a los límites entre la placa del Caribe y la placa de Norteamérica, especialmente en la costa norte del país, donde históricamente se han registrado los terremotos de mayor magnitud.
Advirtió que, si un sismo similar al ocurrido en 1946 o a los recientes terremotos registrados en Venezuela impactara una zona densamente poblada, el país podría enfrentar numerosas pérdidas humanas, principalmente por el colapso de construcciones informales y vulnerables.
Soto concluyó que la prevención, el cumplimiento de las normas de construcción y la educación ciudadana constituyen las principales herramientas para reducir el impacto de un eventual terremoto en República Dominicana.
