Santo Domingo.- El economista Francisco Tavárez advirtió que las tarjetas de crédito se han convertido en una extensión del salario de miles de trabajadores dominicanos, debido a que los ingresos no son suficientes para cubrir necesidades básicas como alimentación, salud y otros gastos familiares.

Durante una entrevista en El Despertador, Tavárez explicó que un estudio realizado desde el Instituto de Investigación Socioeconómica de la Universidad Autónoma de Santo Domingo analiza el crecimiento del crédito privado y, particularmente, el comportamiento de las tarjetas de crédito entre los trabajadores dominicanos.

Cartera de tarjetas de crédito creció 203 %

Uno de los principales hallazgos presentados por el economista es que la cartera de tarjetas de crédito registró un crecimiento de 203 % entre 2017 y 2025.

Según explicó, ese crecimiento ha sido considerablemente superior al aumento de los salarios e incluso al ritmo de expansión registrado por la economía dominicana durante el mismo período.

Tavárez indicó que la cartera pasó de alrededor de RD$49,000 millones a más de RD$130,000 millones.

Aunque este aumento puede interpretarse como una expansión del consumo y del acceso a productos financieros, sostuvo que el análisis cambia cuando se observa la situación de los trabajadores con menores ingresos.

Morosidad es mayor entre trabajadores de bajos ingresos

El economista explicó que la morosidad general de las tarjetas de crédito se encuentra por debajo del 3 %, una cifra que, a primera vista, podría sugerir que no existe una situación preocupante.

Sin embargo, aseguró que, cuando las cifras se desagregan según el nivel de ingresos, aparecen diferencias significativas.

Las personas que ganan entre RD$12,500 y RD$25,000 mensuales presentan una morosidad que puede ser entre cuatro y cinco veces superior al promedio general.

Tavárez sostuvo que estos datos muestran las limitaciones de utilizar únicamente los promedios nacionales para analizar el comportamiento del crédito, debido a que pueden ocultar las desigualdades existentes entre distintos grupos de trabajadores.

Tarjeta de crédito funciona como complemento del salario

Para Tavárez, uno de los principales problemas identificados es que la tarjeta de crédito ha dejado de utilizarse únicamente para cubrir gastos extraordinarios.

Según el análisis presentado, anteriormente el crédito podía utilizarse para financiar la compra puntual de una nevera, una lavadora u otro bien duradero.

Sin embargo, considera que actualmente muchos trabajadores recurren de manera recurrente a las tarjetas porque sus ingresos ordinarios no alcanzan para cubrir todos sus gastos.

El economista aclaró que el estudio no plantea una crítica al crédito como herramienta financiera, sino a la insuficiencia de los salarios y a la dependencia que esta situación puede generar respecto al endeudamiento.

Sostuvo que República Dominicana mantiene una estructura económica caracterizada por bajos salarios y que el crédito privado ha terminado funcionando como un mecanismo para compensar esa insuficiencia de ingresos.

Advierte sobre una espiral de endeudamiento

Tavárez señaló que el uso recurrente de tarjetas puede convertirse en una espiral de deuda, particularmente para los trabajadores con menores ingresos.

A diferencia de una compra excepcional que luego puede ser saldada, explicó que, cuando el crédito se utiliza mes tras mes para financiar necesidades habituales, el trabajador puede permanecer constantemente endeudado.

El problema se profundiza, de acuerdo con su análisis, cuando una parte cada vez mayor del mercado de tarjetas está creciendo precisamente entre los segmentos de menores ingresos.

63 % de nuevas tarjetas fueron para trabajadores que ganan menos de RD$32,500

Tavárez informó que durante 2025 el 63 % de las nuevas tarjetas de crédito emitidas correspondió a trabajadores con ingresos inferiores a RD$32,500 mensuales.

Relacionó esta situación con el hecho de que alrededor de 1.3 millones de dominicanos dentro del mercado laboral formal ganan menos de RD$32,500.

El economista consideró que estas cifras obligan a mirar más allá del problema de la informalidad laboral.

Planteó que también existe una precariedad dentro del mercado formal, debido a que una persona puede tener un empleo registrado y continuar percibiendo ingresos insuficientes para cubrir adecuadamente sus necesidades.

Tasas de tarjetas rondan el 58 %

Otro elemento señalado por Tavárez fue el costo de financiarse mediante tarjetas de crédito.

Indicó que las tasas de interés se encuentran alrededor de un 58 % en promedio, lo que representa un costo elevado para los trabajadores que no pueden pagar completamente sus balances.

También advirtió sobre los niveles de educación financiera existentes entre parte de los usuarios de estos productos.

A su juicio, una expansión del crédito hacia trabajadores de bajos ingresos debe acompañarse de información suficiente para que los usuarios comprendan cómo funcionan las tasas, los pagos mínimos y la acumulación de intereses.

Financiarse con tarjetas de crédito es el camino a la ruina económica”, sostuvo al referirse al uso permanente de este producto para cubrir gastos ordinarios.

Compara tasas de tarjetas con préstamos hipotecarios

El economista señaló que una tasa cercana al 58 % puede ser hasta cinco veces superior a la de determinados créditos hipotecarios.

Además, cuestionó las diferencias existentes entre la evaluación que realizan las entidades financieras para conceder préstamos tradicionales y la utilizada para otorgar líneas de crédito mediante tarjetas.

Explicó que para un préstamo destinado a una vivienda, un vehículo o incluso un crédito personal, las entidades suelen evaluar la capacidad de pago y los ingresos del solicitante.

Si entienden que la persona no posee suficiente solvencia o flujo de efectivo para responder por el compromiso, la solicitud puede ser rechazada.

Sin embargo, planteó que en el mercado de tarjetas pueden concederse líneas considerablemente superiores a los ingresos mensuales del trabajador.

Cuestiona límites hasta diez veces superiores al salario

Tavárez cuestionó que una persona con ingresos inferiores a RD$32,500 pueda recibir una línea de crédito equivalente a varias veces su salario.

Puso como ejemplo el caso de un trabajador que gana RD$20,000 mensuales y recibe una tarjeta con un límite de RD$150,000.

Consideró que otorgar líneas de crédito que pueden alcanzar hasta diez veces los ingresos formales de una persona constituye un elemento que debe ser observado por la Superintendencia de Bancos.

A su juicio, el problema no debe analizarse exclusivamente desde la responsabilidad individual del tarjetahabiente, sino también desde las políticas utilizadas por las entidades para determinar los límites de financiamiento.

Pide mayor vigilancia de la Superintendencia de Bancos

El economista sostuvo que la Superintendencia de Bancos debería analizar críticamente esta tendencia.

Consideró que deben existir criterios prudenciales que relacionen la capacidad de endeudamiento con los ingresos reales de cada persona.

El estudio no plantea impedir que los trabajadores de bajos ingresos puedan acceder a tarjetas, aclaró Tavárez.

La propuesta consiste en establecer reglas más claras para la emisión del crédito, tomando en consideración la capacidad de pago del usuario y evitando niveles de endeudamiento que puedan convertirse posteriormente en una carga permanente.

Advierte crecimiento acelerado del crédito desde 2020

Tavárez sostuvo que desde 2020 se observa un aumento particularmente acelerado del crédito concedido mediante tarjetas.

Aunque consideró que la liquidez disponible dentro del sistema financiero pudiera ser uno de los elementos relacionados con ese crecimiento, indicó que la investigación se concentra principalmente en las consecuencias que esta expansión puede tener sobre las personas con bajos ingresos.

También se refirió al crecimiento del crédito digital y a la aparición de instituciones financieras que funcionan principalmente mediante plataformas digitales.

Explicó que estos modelos tienen especial presencia en segmentos de mercado vinculados a tarjetas y otros productos de crédito de rápida colocación.

Crédito digital también requiere atención

Tavárez mencionó experiencias internacionales donde se han establecido criterios específicos para la concesión de tarjetas, particularmente a trabajadores de menores ingresos.

También señaló que en países como Argentina se ha expandido rápidamente el crédito digital y que ese modelo ya comienza a desarrollarse en República Dominicana.

A su juicio, la facilidad para colocar liquidez mediante estos mecanismos obliga a prestar atención a los riesgos de sobreendeudamiento.

Cuando el usuario deja de pagar completamente el balance, explicó, comienzan a acumularse mora, intereses y crédito revolvente, generándose un efecto de “bola de nieve” que puede convertir una deuda temporal en una obligación estructural.

Dominicanos utilizan tarjetas para necesidades fundamentales

Otro de los principales hallazgos abordados durante la entrevista tiene que ver con el destino del dinero utilizado mediante las tarjetas.

Tavárez explicó que el patrón de consumo ha cambiado conforme estos productos financieros se han extendido hacia trabajadores con ingresos más bajos.

Anteriormente, según señaló, las tarjetas estaban concentradas principalmente en segmentos de mayores ingresos y eran utilizadas para gastos puntuales.

Actualmente, aseguró que una parte de los trabajadores está utilizando ese financiamiento para cubrir necesidades fundamentales, incluyendo alimentación, salud y otros bienes de consumo.

Salud y educación terminan cargándose a las tarjetas

Tavárez vinculó parte de este endeudamiento con las deficiencias que, a su juicio, presentan determinados servicios públicos.

Explicó que cuando una persona enfrenta un gasto de salud que no está suficientemente cubierto por la seguridad social, puede recurrir a la tarjeta para pagarlo.

Lo mismo puede ocurrir con la educación, cuando una familia entiende que debe utilizar servicios privados y termina pagando un colegio mediante crédito.

De esta manera, sostuvo, gastos que deberían representar una proporción determinada del presupuesto familiar terminan financiándose con deuda debido a la insuficiencia de los ingresos disponibles.

Crédito se convierte en salida ante bajos ingresos

El economista planteó que, cuando las necesidades aumentan mientras los salarios permanecen estancados o resultan insuficientes, el crédito comienza a verse como una alternativa inmediata.

El problema surge cuando ese financiamiento no responde a una emergencia aislada, sino que se utiliza permanentemente para completar los gastos mensuales.

En esos casos, la tarjeta puede resolver una necesidad inmediata, pero generar posteriormente una carga financiera mayor debido a los intereses acumulados.

Propone limitar crédito según nivel de ingresos

Entre las recomendaciones del estudio, Tavárez señaló que la Superintendencia de Bancos debería establecer normas para limitar los montos de crédito, tomando como referencia los ingresos de cada trabajador.

Considera que no resulta prudente conceder una línea equivalente a varias veces el salario de una persona, cuando existe una alta probabilidad de que no pueda responder adecuadamente por esa deuda.

A su juicio, se trata de una cuestión de regulación prudencial que debe ser considerada dentro de las políticas bancarias.

Plantea mejorar servicios públicos

Tavárez sostuvo que limitar el endeudamiento no resolvería por sí solo el problema.

Considera necesario analizar por qué los salarios resultan insuficientes para muchas familias y cuánto representan los gastos en servicios que deberían ser cubiertos o apoyados por el Estado.

Señaló que, cuando los servicios públicos no tienen la calidad o cobertura requerida, los ciudadanos trasladan esas necesidades hacia servicios privados.

De esta manera, gastos relacionados con salud, educación y consumo terminan aumentando la presión sobre el presupuesto de los hogares.

Para el economista, mejorar la calidad y cobertura de los servicios públicos reduciría parte de la necesidad de recurrir al crédito para enfrentar determinados gastos familiares.

Pide mayor cobertura de la seguridad social

Tavárez también planteó la necesidad de fortalecer la seguridad social.

Se refirió a los casos de personas que recurren a campañas públicas o solicitudes de ayuda para enfrentar enfermedades y tratamientos médicos costosos.

En esas situaciones, afirmó, el crédito bancario y las tarjetas pueden terminar funcionando como un mecanismo de emergencia para financiar gastos médicos.

Consideró que una persona afiliada al sistema de seguridad social no debería tener que asumir una deuda de alto costo para enfrentar enfermedades como cáncer, diabetes u otras condiciones que requieren tratamientos costosos.

Por esa razón, defendió un sistema de seguridad social con mayor cobertura y capacidad para proteger a los afiliados ante este tipo de eventualidades.

Salarios deben recuperar capacidad de compra

Otro de los elementos centrales planteados por Tavárez fue la necesidad de revisar los niveles salariales de República Dominicana.

Aclaró que su propuesta no consiste en realizar incrementos indiscriminados, sino en buscar mecanismos que permitan recuperar y mejorar progresivamente el poder adquisitivo de los trabajadores.

Consideró que los ajustes no deberían tomar en cuenta únicamente la inflación.

Según explicó, ajustar un salario solamente por inflación permite recuperar el poder de compra perdido, pero no necesariamente garantiza que ese ingreso sea suficiente para cubrir el costo de vida.

Propone vincular salarios con productividad

Tavárez planteó que las discusiones salariales también deberían incorporar la productividad y las ganancias generadas por esa productividad dentro de las empresas.

Explicó que la indexación únicamente devuelve al salario una capacidad de compra anterior.

Su propuesta apunta a que los aumentos salariales también estén relacionados con la productividad y con el aporte que realiza el trabajador a la generación de beneficios empresariales.

De esta manera, sostuvo, podría avanzarse hacia una recuperación más sostenida del poder adquisitivo y reducir la dependencia del crédito para completar los gastos cotidianos de los hogares.

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