Santo Domingo.- En medio de una cifra que vuelve a estremecer al país, con al menos 34 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de 2026, El Informe con Alicia Ortega presenta una serie de entrevistas inéditas realizadas a hombres condenados por feminicidio, en un intento por entender qué ocurre detrás de estos crímenes.

La investigación retoma testimonios grabados en 2018 dentro de la cárcel de Najayo, donde varios internos ofrecieron relatos crudos y justificaron los asesinatos de sus parejas minimizando la violencia ejercida.

El psicólogo Luis Vergés, especialista en conducta y violencia de género, explicó que muchos agresores utilizan mecanismos de manipulación y minimización para justificar sus acciones y construir una imagen que facilite su eventual reinserción social.

La minimización de la violencia: “Fue un coñoncito”

Uno de los testimonios más impactantes fue el de Ramón Martín Ventura Cabrera, condenado a 20 años de prisión por la muerte de su pareja, Diana Carolina Pinales Arias, conocida como Milagros, ocurrida en 2012 en Villa Altagracia.

Ventura Cabrera describió el ataque mortal como “un juego de loco” y aseguró que solo le dio “una puntadita” mientras estaba bajo los efectos del alcohol. Sin embargo, los documentos judiciales y fotografías del caso evidenciaron múltiples golpes y heridas cortopunzantes.

Suscribete al newsletter de Noticias SIN

La víctima, madre de cuatro hijos, fue atacada dentro de su vivienda frente a su hija, de apenas siete años. Su testimonio fue considerado coherente y firme por especialistas que participaron en el proceso judicial.

Familiares de la mujer también relataron antecedentes de amenazas y agresiones constantes. Según declaraciones ofrecidas durante el juicio, el hoy condenado habría amenazado en varias ocasiones con matar a la víctima si ésta decidía abandonarlo.

El especialista Luis Vergés explicó que este tipo de discurso forma parte de un patrón frecuente en agresores feminicidas.

“Muchos de estos internos son especialistas manejando impresión y se valen de argumentos minimizadores”, sostuvo el psicólogo.

Control, celos y machismo: patrones repetitivos

Otro de los casos abordados fue el de Joel Calzado González, condenado a 30 años de prisión por asesinar a tiros a su esposa, Jennifer Karlenis López, de 22 años.

Según el expediente judicial, la joven se había separado del agresor tras denunciar maltratos. No obstante, Calzado González insistió en justificar el conflicto por desacuerdos relacionados con el horario laboral de la víctima, quien trabajaba en un casino de la capital.

La investigación determinó que el crimen fue premeditado. El condenado tomó un arma sin autorización, solicitó permiso para salir de su trabajo y dejó una carta en la que responsabilizaba a la víctima de la tragedia.

Vergés destacó que el elemento común en muchos feminicidios es el rechazo del agresor a aceptar la autonomía de la mujer.

“Lo más crucial es el tema de la autonomía y la toma de decisión. Ahí viene el detonante, cuando la señora no quiere dejar su trabajo y él quiere que lo deje”, explicó.

A pesar de admitir el crimen, Calzado González afirmó que actuó influenciado por el machismo aprendido desde la niñez y aseguró haberse arrepentido de sus acciones durante el tiempo que permaneció en prisión.

Datos oficiales de la Dirección General de Servicios Penitenciarios y Correccionales indican que Joel Calzado González obtuvo su libertad en febrero de este año.

Expertos advierten sobre señales previas

Ambos casos existían antecedentes de amenazas, celos, agresiones y conductas de control antes de los asesinatos.

Especialistas consultados coinciden en que estos patrones suelen repetirse en gran parte de los feminicidios y advierten sobre la importancia de detectar a tiempo señales de violencia psicológica, control excesivo y amenazas dentro de las relaciones de pareja.

  • ¿Qué ocurre en la mente de quienes cometen uno de los crímenes más atroces contra las mujeres?