San Cristóbal.- La violencia ejercida por menores, que hace algunos años parecía una excepción, hoy se ha convertido en una realidad cotidiana que preocupa a familias, escuelas y autoridades.

El caso del niño Raudiel Martínez Corporán, de apenas 10 años, encontrado sin vida en una cañada en la comunidad de Hato Las Damas, vuelve a encender todas las alarmas sobre lo que está pasando dentro de los hogares y el sistema social.

El hecho ha causado profundo impacto en la comunidad, no solo por la edad de la víctima, sino porque el principal señalado por las autoridades es otro adolescente de 14 años, lo que coloca nuevamente sobre la mesa el debate sobre la violencia juvenil, la salud mental infantil y la falta de intervención temprana.

“Él era un niño alegre”: el dolor de una madre que no logra entender la tragedia

Entre lágrimas y recuerdos, la madre del menor, Ana Mercedes Corporán, describe a su hijo como un niño cariñoso, alegre y muy apegado a su familia.

Mi niño era un niño alegre, le gustaba mucho jugar”, repite con la voz quebrada, intentando reconstruir los últimos momentos antes de la desaparición.

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La mañana del hecho, la mujer salió a una cita médica con su hijo menor, sin imaginar que al regresar comenzaría la búsqueda más desgarradora de su vida. Raudiel no llegó a la casa de su abuela, como habían acordado.

Yo le dije que fuera donde la abuela… pero él nunca llegó”, recuerda.

Horas de angustia, llamadas a vecinos, recorridos por el barrio y una comunidad entera buscándolo terminaron en la peor noticia: el cuerpo del niño fue hallado en una cañada, a pocos metros de su entorno habitual.

Una comunidad en shock y un patrón que se repite

El hallazgo dejó a los vecinos en estado de conmoción. Muchos aseguran que el miedo cambió la dinámica del barrio, donde antes los niños jugaban libremente.

Yo anduve todo esto buscando a mi nieto”, relata el abuelo del menor, aún sin asimilar lo ocurrido.

Vecinos aseguran que el niño estaba a escasos minutos de su casa cuando ocurrió la tragedia, lo que hace más dolorosa la situación para la familia.

Pero este caso no es aislado. En los últimos meses se han registrado otros episodios de violencia protagonizados por menores, incluyendo agresiones con armas blancas y hechos ocurridos incluso en entornos escolares.

El trasfondo: señales que muchas veces se ignoran

Especialistas consultados advierten que detrás de muchos adolescentes involucrados en hechos violentos existen señales previas que suelen pasar desapercibidas en el hogar, la escuela o la comunidad.

El psiquiatra José López Mena explica que algunos menores presentan conductas que no son atendidas a tiempo:

Hay niños que no respetan normas, ejercen violencia con sus compañeros o muestran conductas agresivas en casa. Esos son signos que deben llamar la atención”, señala.

También advierte sobre el impacto de la hiperconectividad, el consumo de contenidos violentos en redes sociales y la falta de supervisión adulta como factores que pueden influir en estos comportamientos.

Sistema en debate: justicia juvenil y falta de prevención

La abogada Jennifer Gómez cuestiona la capacidad del sistema para prevenir estos casos antes de que ocurran.

“Tenemos instituciones que reaccionan después de los hechos, pero no hay suficiente prevención ni espacios adecuados de rehabilitación”, explica.

El adolescente señalado por el crimen se encuentra actualmente bajo medida de privación provisional de libertad, mientras continúan las investigaciones.

Una tragedia que se suma a una preocupación mayor

Datos de organismos de protección infantil como el Conani indican que en 2025 se han atendido decenas de miles de menores en situación de vulnerabilidad, muchos de ellos por violencia intrafamiliar, abuso y abandono.

En paralelo, otros casos recientes han generado alarma nacional, incluyendo muertes y agresiones entre menores en distintos puntos del país.

Para expertos y comunidades, el caso de Raudiel no es solo una tragedia aislada, sino un reflejo de una problemática más amplia: la violencia juvenil en aumento y la urgente necesidad de reforzar la prevención.

“Queremos justicia”: el clamor de una familia destrozada

Mientras avanza el proceso judicial, la familia del niño exige justicia y respuestas claras.

Queremos justicia, pero que no sean pocos años, que sea una condena que realmente haga reflexionar”, expresa una de sus tías.

En Hato Damas, el dolor sigue latente. La comunidad aún no logra asimilar cómo un niño que celebraba su cumpleaños meses atrás terminó convirtiéndose en el centro de una de las historias más dolorosas del año.

  • Hoy, entre el silencio del barrio y la tristeza de una familia rota, queda una pregunta que nadie logra responder del todo: en qué momento la infancia empezó a cruzarse tan temprano con la violencia.