Santo Domingo.- Las carreras clandestinas de motocicletas se han convertido en un fenómeno que va mucho más allá de una competencia ilegal. Cada fin de semana, decenas de jóvenes cierran autopistas y detienen el tránsito para realizar estas competencias.
Vías de alto flujo, como la autopista Las Américas, son convertidas en pistas improvisadas donde la velocidad, las apuestas y la adrenalina desafían a las autoridades y ponen en riesgo la vida de pilotos, espectadores y conductores inocentes.
Una investigación evidencia cómo estos eventos se organizan prácticamente a plena luz del día. En uno de los recorridos realizados por un equipo periodístico, decenas de personas bloquearon el tránsito en varias ocasiones para intentar una carrera de 800 metros.
Aunque hubo varios intentos fallidos y finalmente la intervención de agentes de RD Vial y la Digesett desmanteló la actividad, la escena dejó en evidencia la facilidad con la que este tipo de competencias se organiza en las principales carreteras del país.
Un negocio que mueve dinero, pero también tragedias
Para muchos mecánicos, las competencias representan una fuente importante de ingresos.
Abel Brito, conocido como «JR», explica que ganar carreras significa prestigio para un taller y, en consecuencia, la llegada de nuevos clientes.
Detrás de cada motocicleta hay semanas de preparación y modificaciones profundas. Se eliminan frenos, suspensiones, baterías y otras piezas para reducir peso y aumentar velocidad. Algunas alcanzan cerca de 190 kilómetros por hora en apenas media milla, gracias a motores modificados que duplican prácticamente las especificaciones originales.
Sin embargo, especialistas advierten que detrás de ese negocio existe una realidad preocupante.
Jeffry Jiménez, quien trabaja junto a la Federación Dominicana de Moto Velocidad en una propuesta para transformar estas competencias, sostiene que las carreras dejaron hace tiempo de ser clandestinas.
«Ya no lo hacen escondidos, lo hacen abiertamente», afirma, al señalar que el problema involucra a miles de jóvenes en distintas provincias como Santo Domingo, Santiago, Nagua y otras localidades donde las vías públicas son utilizadas como pistas improvisadas.
El alto costo humano y la propuesta para cambiar el rumbo
Las consecuencias de estas carreras quedan reflejadas en historias como la de Braylin, un adolescente de 17 años que murió tras resultar gravemente herido en un accidente relacionado con una carrera de motocicletas en Puerto Plata.
Su madre, Ana Delia de los Santos, visita diariamente el cementerio donde está sepultado su hijo y asegura que nunca imaginó que una simple salida para comprar combustible terminaría convirtiéndose en una tragedia familiar.
Los médicos también enfrentan diariamente el impacto de estos accidentes. El traumatólogo ortopedista Stalin Echavarría explica que la mayoría de las víctimas son jóvenes entre 15 y 24 años que llegan con fracturas múltiples, traumatismos craneales y lesiones permanentes.
Según expone, una cirugía por una fractura puede costar entre RD$200,000 y RD$250,000, mientras que un paciente que requiere cuidados intensivos puede representar gastos cercanos a RD$700,000, sin contar los costos posteriores de rehabilitación.
- Las cifras respaldan esa preocupación. De acuerdo con el Observatorio Permanente de Seguridad Vial, más de 30 mil personas han resultado lesionadas en accidentes de motocicletas en lo que va de año.
- Mientras que los accidentes de tránsito representan pérdidas estimadas en alrededor de RD$130 mil millones, equivalentes al 2.2 % del Producto Interno Bruto, entre gastos médicos, discapacidad y reducción de productividad.
Frente a este panorama, representantes de la Federación Dominicana de Motociclismo, legisladores y técnicos del Intrant impulsan una propuesta para trasladar estas competencias a espacios controlados como el Autódromo Internacional de Las Américas, bajo estrictas normas de seguridad, reglamentos deportivos, uso obligatorio de equipos de protección y capacitación permanente.
El presidente de la Federación Dominicana de Automovilismo, Adriano Abreu Sued, asegura que el autódromo está abierto a recibir a estos corredores, siempre que se integren al deporte formal y cumplan con todas las exigencias de seguridad nacionales e internacionales.
La iniciativa toma como referencia experiencias implementadas en países como Brasil, México y Argentina, donde las autoridades combinaron sanciones contra las carreras ilegales con la creación de espacios regulados para la práctica deportiva.
Aunque reconocen que la medida no eliminaría completamente el problema, promotores del proyecto estiman que podría reducir de forma significativa las competencias en las calles y evitar nuevas muertes.
Mientras tanto, madres como Ana Delia solo tienen un mensaje para quienes siguen participando en estas carreras.
«Que las detengan, que hagan campañas para que no sigan muriendo jóvenes, lo que se busca en esas carreras es la muerte», reclama.