Para el profesional, entrevistado por un periodista de la AFP, no hay duda: “Se trata de dos lingotes de oro fino, macizos, de un kilo cada uno. Los números del lateral corresponden al año de fabricación, el registro, la garantía, los refinadores, los fundidores y la percepción de las tasas por parte del Estado”, concluyó

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Una familia parisina que abandonó la capital francesa para pasar el período de confinamiento en su casa de campo se llevó este fin de semana una feliz sorpresa.

Sus dos hijos, de 10 y 12 años, decidieron construir una carpa con el objeto de pasar el tiempo durante el encierro en su casa familiar ubicada cerca de Vendôme, a unos 200 km al suroeste de París.

Los niños le preguntaron al padre qué podían usar para su propósito. El hombre les aconsejó que sacaran las sábanas de su abuela de una habitación sin usar. Cuando las abrieron, en lugar de las habituales ramas de lavanda, de las sábanas cayeron dos objetos bastante pesados: dos lingotes de oro.

Los padres pensaron que los lingotes eran unos posacubiertos de su abuela. Pero, al dudar, los llevaron a Philippe Rouilla, un subastador de Vendôme, para que los analizara.

Para el profesional, entrevistado por un periodista de la AFP, no hay duda: “Se trata de dos lingotes de oro fino, macizos, de un kilo cada uno. Los números del lateral corresponden al año de fabricación, el registro, la garantía, los refinadores, los fundidores y la percepción de las tasas por parte del Estado”, concluyó