Tras años de trabajo en la crianza y ordeña de cabras para elaborar quesos y dulces artesanales, una pequeña finca logró superar la parálisis económica durante la pandemia y logró reinventarse al convertirse en un importante atractivo ecoturístico y experiencia campirana en la provincia Azua.


Aunque la granja Capraleche comenzó su trabajo para rescatar y reproducir las escasas cabras lecheras que había en el país, ahora la finca ubicada en la comunidad de Hatillo cuenta con unas 280 cabras y ofrece una experiencia educativa y sensorial para toda la familia.