La economía digital, basada en tecnologías y redes neuronales artificiales, es indetenible y quien no se monte en ese tren quedará en rezago.


Las economías locales en países como la República Dominicana cometen un error si en lugar de asumir la transformación digital se dedican a llorar pidiendo protección.


Sabemos que la economía digital debe ser fuertemente regulada, sobre todo por los temas de la competencia desleal y la justicia tributaria.


De ninguna manera hay que apostar por un salvajismo digital que se lleve de encuentro todas las reglas del juego, destruya y concentre riquezas. Esa no es la idea.


Lo ilógico es esperar que los Estados creen barreras innecesarias a empresas globales de la cuarta revolución industrial que hacen la vida más fácil a los consumidores creando acceso a bienes y servicios en forma competitiva.


Mentalidades localistas, acostumbradas a privilegios y a mercados cautivos, quisieran la desaparición de Google, Amazon, Facebook y otras empresas que han cambiado significativamente la producción y el comercio,


Inclusive, abominan de los couriers, que abren acceso a bienes del primer mundo sin importar en qué rincón del planeta estemos.


Hoy recibimos la noticia de que una empresa local, el Grupo Sociedad Industrial Dominicana han suscrito una alianza con Amazon Web Service para habilitarse en logística 4.0.


Este paso, que lleva a la empresa a una transformación digital con una inversión de 25 millones de dólares, es lo que se debe hacer. Es un mensaje importante para el sistema productivo.