Carlos Pimentel debe ser el funcionario más incómodo del Gobierno.


Pero no lo es para la sociedad, sino para quienes buscan realizar negocios turbios en el Estado.


Funcionarios y proveedores a veces quieren saltarse la ley y establecer esquemas de contrataciones a su antojo.


Por eso consideran un estorbo a la Dirección de Compras y Contrataciones y hasta le abren procesos judiciales.


En una intervención esta semana en un medio de comunicación nacional, Carlos Pimentel habló de la existencia de carteles de proveedores.


Se trata de personas que arman esquemas societales con una ramificación de firmas para aparecer en todos los procesos de compras.


Hay quejas en el sentido de que los rigores de la Ley 3-40 de Compras y Contrataciones constituyen un obstáculo para el flujo de los procesos en la gestión pública.


La legislación pudiera ser mejorable, pero es un mecanismo de control y simplemente lo que hay que hacer es cumplirla.


El problema es que hay quienes se apegan a los pasos fáciles y quieren salidas cómodas, sin mayor esfuerzo.


A veces ni siquiera se ocupan de contar con una dirección legal competente o un área de compras compuesta por personas en pleno dominio de los postulados de la ley.


Carlos Pimentel merece apoyo de la sociedad, de los contribuyentes, pues está velando por el buen uso de los fondos del erario.


Sí Pimentel fuese una monedita de oro que le cayera bien a todo el mundo, entonces debería revisarse.