La sociedad no sale del asombro ante las espeluznantes revelaciones sobre la forma en que murió David de los Santos tras una brutal golpiza, supuestamente a manos de presos y ante la mirada de al menos cuatro policías del cuartel de Naco.


Una mentira tras otra han quedado en evidencia, mentiras a familiares, a la propia institución y a la sociedad, que espera que los llamados agentes del orden los proteja, en vez de sentirse atemoriza por sus acciones.