Tras un año sin las fiestas de las carnestolendas debido a la pandemia, la magia de los diablos cojuelos, las vejigas y la música volverán a llenar de color las calles de La Vega, pero con menor brillo e innovación que en años anteriores debido a la austeridad de los artesanos como consecuencia de la crisis económica.


Aunque con ánimos y esperanzas de volver a ver a los diablos desfilar por las calles de La Vega, la parálisis económica durante la pandemia, la falta de recursos y la apresurada decisión a realizar el carnaval obliga a los artesanos a trabajar a pasos acelerados y con austeridad.


“Variedades hay poca este año porque por la pandemia los grupos mandaron a parar los trabajos y mandaron hacer otro trabajo diferente un poquito más tradicional por el costo de la careta y el tiempo que no dá para fabricarla”, dijo Mariano Marte, diseñador de Carteras.