Hay ciudades que se distinguen por sus edificios y otras por su gente. En San Pedro de Macorís, la historia también se baila, se cocina y se transmite de generación en generación. Los Guloyas y la comunidad cocola siguen siendo parte viva de la identidad petromacorisana.
Antes de que existieran los grandes estadios, ya aquí sonaban los tambores.
Con ellos llegaron costumbres, palabras, recetas y una identidad que aún resiste el paso del tiempo.
Migración cocola y auge azucarero
La cultura cocola es muy bonita. Tú sabes que San Pedro de Macorís fue, en su época, una provincia muy productiva. Y, por parte de eso, vinieron diferentes etnias a San Pedro de Macorís. Por ejemplo, vinieron puertorriqueños, vinieron árabes, vinieron españoles, vinieron cocolos. Y luego aquí, en República Dominicana, especialmente en San Pedro de Macorís, a trabajar lo que es los indígenas», dijo Juan Silié, descendiente cocolo y propietario del Restaurante Rincón Cocolo.
Llegaron aquí a San Pedro de Macorís a finales del siglo XIX, a principios del siglo XX, a trabajar en la industria azucarera. Los ingleses se esparcieron por los diferentes ingenios que había aquí, en nuestra provincia”, expresó Julio Santana, encargado de Cultura del Ayuntamiento de San Pedro de Macorís y secretario general de Los Guloyas.
Pero su huella fue mucho más allá del trabajo en los ingenios.
Soy la última reliquia que queda. Empecé de siete años a bailar con los Guloyas; tengo 67. Siempre he agradecido a Dios primero, que me ha dado la juventud y la vejez para todavía participar en el Teatro Cocolo Danzante«, manifestó Jesús Castro, presidente del Teatro Cocolo Danzante.
Los Guloyas como patrimonio vivo
Y es que los cocolos también dejaron una riqueza cultural que dio origen a los Guloyas, declarados por la UNESCO Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Trajeron su tradición, como fue el baile de los Guloyas, el walk indio, el momis, el baile del buey. En cada ingenio de esos se bailó una manifestación diferente», indicó Julio Santana, encargado de Cultura del Ayuntamiento de San Pedro de Macorís y secretario general de Los Guloyas.
Los trajes coloridos, los movimientos y los tambores siguen contando una historia de resistencia.
Los Guloyas no se han perdido porque, gracias a Dios, los hemos mantenido de generación en generación. Y actualmente tenemos una población de jóvenes y niños, y yo creo que no va a morir», afirmó Julio Santana.
Cada presentación mantiene vivas tradiciones que han sobrevivido.
Para nosotros es un orgullo como agrupación que cada año nosotros integramos jóvenes. Por ejemplo, ya me viven llamando para ver cuándo nosotros vamos a empezar los ensayos, con miras a los carnavales y a seguir perteneciendo a nuestra agrupación», agregó Julio Santana.
La herencia también se sirve en la mesa.
Recetas que pasaron de abuelos a nietos continúan siendo parte del sabor que identifica a la provincia.
Los platos que traen los cocolos a San Pedro de Macorís son en base de harina de maíz y harina de trigo. Por ejemplo, ellos tienen el funji, que es harina de maíz con molondrón; tienen la llaniqueca, tienen el pan cocolo, el pan asado, que le llaman llaniqueca asada; tienen el bababeri, tienen el mavi de palo, tienen el pescado con coco, tienen el bacalao, tienen la sopa de habichuela y así un sinnúmero de platos más: el conconete, el pan de batata», explicó Juan Silié.
En una ciudad conocida por producir peloteros, también sobrevive una historia que convirtió la diversidad en identidad.
Porque aquí no solo nacen grandes deportistas, también permanece una cultura que sigue marcando el ritmo petromacorisano.
