Mientras el petróleo se encuentra en límite para que el gobierno suba esta semana los combustibles, la decisión del Banco Central de elevar nuevamente la tasa de política monetaria refleja el temor a una galopante escalda inflacionaria que ya se percibe en los barrios con los precios del pollo, la leche, el aceite e incluso el agua purificada para beber que, en algunos colmados, se vende en 95 pesos, casi el doble que antes de la pandemia.