SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Como una burla al país, a sus instituciones y la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado ha sido recibida, en círculos de opinión pública, el anuncio de que Quirino Ernesto Paulino saldrá en libertad con la posibilidad de retornar al país a reclamar los bienes multimillonarios que le fueron incautados.

Esto resulta a todas luces frustrante por un inexplicable manto de impunidad, toda vez que el acuerdo entre el Ministerio Público y la justicia norteamericana no permitió que el país conociera las conexiones y complicidades con que operó a sus anchas para enviar grandes cargamentos de cocaína a Estados Unidos.

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¿Por qué nunca fueron identificados los pejes gordos que, enquistados en esferas militares y del poder facilitaron que éste pudiera llegar a tener un rango castrense y acumular grandes fortunas mediante el tráfico de drogas?

Entonces, ¿en qué se benefició la justicia dominicana en lo que debe ser un objetivo fundamental: luchar en favor del imperio de la ley y en contra de la delincuencia y de todas las modalidades del crimen?

¿Volverá Quirino en su retorno triunfal a reanudar sus viejos vínculos que han permanecido en un anonimato protector, gracias a cuestionables manejos y acuerdos en los que no salen a relucir todos los malos de la película?

¿Tendrán los ciudadanos serios y responsables del país, aquellos que viven del trabajo honesto, ver pasear a este personaje celebrado en su natal Elías Piña, como todo un honorable señor, a pesar de sus conocidas y probadas andanzas?

Son preguntas relevantes que mucha gente se hace y que probablemente no tendrán adecuada respuesta. De seguro que se quedaran sin rostro e identidad, como los grandes amigos de Quirino.