SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Cuando se trata de manejo de fondos públicos que se nutren con los impuestos del contribuyente, la rendición de cuentas y la transparencia tienen que ser procesos claros y coherentes.

Aunque hemos aplaudido el desmonte del llamado "barrilito" de la cámara de Diputados y ahora el fondo de 75 millones para juguetes, no no podemos detener en en nuestro llamada de que continúen eliminando estas prácticas que aún existen con otros fondos tanto en la Cámara Baja con en el Senado.

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En primer término, los fondos eliminados y los que aún persisten nunca debieron existir porque los señores legisladores no están para ocuparse de tareas sociales y comunitarias que, en términos institucionales, corresponden a otras instituciones del Estado.

En lo que toca a los diputados,  el fondo de Compensación Social, por un monto anual de 198 millones, o su equivalente de 87 mil pesos mensuales para cada legislador, tiene un manejo irresponsable porque nadie se tomaba la molestia de pedir a los honorables diputados que presenten recibos para que los gastos estén debidamente sustentados, que es la esencia de una contabilidad sana. Pero además, este fondo, a diferencia del de gestión legislativa, no aparece ni en la página web.

Quizás convendría ser más transparentes y, de una vez por todas incorporarlos como parte de sus salarios sin el uso de estas engaños para confundir a la población.

Resulta indignante que estos cuantiosos recursos se manejen de esta forma mientras los hospitales están sumidos en una grave crisis por la falta de insumos y existen carencias y necesidades en otras áreas vitales de la sociedad.

Es innegable que, aunque de forma insuficiente, los diputados han hecho su esfuerzo. Pero los senadores no quieren saber nada de desprenderse de su barrilito y reaccionan como el diablo a la cruz, cada vez que les tocan el tema. ¿Por qué los senadores no pueden seguir el ejemplo y también aportar?

Los fondos que reciben, oscilantes en 500 mil pesos y 950 mil pesos, de acuerdo al tamaño de las provincias, bien podrían repartirlos para el mejoramiento del sistema de salud pública.

¿Es que no acaban de entender que, además de los compromisos y lineamientos partidarios, su deber es con el pueblo pobre, la institucionalidad y las más sentidas necesidades del paìs? ¿Hasta cuándo padeceremos esta penosa muestra de insensibilidad?