Una productora de mabí artesanal, que desde el 1996 es un ícono familiar en Hato Mayor con ventas extendidas a otras ciudades, se ha recuperado luego de la caída sufrida durante los períodos más agudos de la pandemia del Covid-19.


Es la historia y el esfuerzo de una pequeña repostería que comenzó con tan solo tres variedades de productos, para echar a una familia hacia delante.


La falta de un espacio adecuado para conservar los productos fue lo que motivó a Ricardo Céspedes y dos de sus hermanos a reinventar el negocio familiar.