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Violencia, criminalidad y delincuencia

Violencia, criminalidad y delincuencia
Fernando Sibilio

Difuminan o solapan las fronteras entre el poder operante y el social, las bandas criminales, al entrar en contacto con lo público, cuando es el Embajador de los Estados Unidos quien tiene, en su afán de poder, que decirnos o recordarnos la cancelación de visados a funcionarios públicos, a policías y militares.

Aspira, el diplomático, tal vez en dosis personales, a la influencia o a la disuasión de esa arquitectura de sus deseos ilimitados, de la cual gozan los funcionarios públicos, los policías, los militares y muchos empresarios, por la falta de ejemplos como el que le ha dado al mundo la justicia Costarricense con la condena a cinco años de cárcel al ex-     presidente Miguel Ángel Rodríguez Echeverría.

Enfrentamos una inflorescencia criminal de difícil catalogación, cuando en Higüey se concentra el 54% de la falsificación de títulos de propiedad que ocurren en todo el país.  Pero, además, cuando en la cárcel de la Victoria un interno tiene que comprar una “Goleta” por RD$100,000 pesos. (Un espacio de alrededor de 6 m2).

Ganaríamos la batalla contra la violencia, la criminalidad y la delincuencia, si lográsemos entender este fenómeno social y demanda política, con el sistema y de intenciones o de intereses en el cual las causas y los efectos se mezclan.  Al ver 41 niños intoxicados con alcohol, en la Semana Santa, el cierre de bares y colmadones por ruido, por parte del Ministerio público, mientras que, el Ministro de Interior sigue hablando de “Barrio Seguro”.

Sirven estos dos ejemplos de interacciones, para demostrarnos las maneras en las cuales están integrados en rígidos circuitos de acción, tanto público como privado o social, pero, también, para ver como se atomizan y comienzan a funcionar automáticamente en una cadena de distribución sin fin los delincuentes y los criminales.

Prolongan la realidad religiosa de la Semana Santa, o la festividad social de un barrio, en una irrealidad inventada por ellos, los delincuentes y criminales, donde introducen a la población, por la seducción de la publicidad, o por la coacción de su dominio público.  Queda clara la estrategia de juego.  Se basa en la astucia, la persuasión y la legitimación social.

Definen ellos lo bueno, el orden y los criterios de deseos, porque son sus cabecillas quienes tienen el poder coercitivo, el control de los recursos en el barrio y la capacidad política de expulsar a quienes disientan.

Repiten este esquema en diversas sociedades, en asociaciones con empresarios, con comerciantes, con políticos, con deportistas y figuras influyentes y con policías, militares, pero, el poder está definido entre figuras de poder y figuras de sumisión.  Son las formas internas y externas de apoderamiento y dominio que adquieren la violencia, la criminalidad y la delincuencia organizada.

Convierten en poder constituyente a los cargos públicos, a los rangos militares y policiales, al posicionamiento popular de un cantante, de una orquesta o de una figura del deporte, en un objetivo para amasar capital económico, capital social y capital político, que serían otras formas de poder constituido para sus operaciones delictivas y criminales.

Logran así, objetivar la justicia y poner a un juez de Higüey a trasladar drogas en su vehículo para la capital.  Que un oficial policial fuese sorprendido por una oficial del Ministerio Público, en un cuartel de la policía, en Cotuí, repartiendo el dinero proveniente de puntos de drogas.

Convierten en poder constituyente la fuerza física de brigadas de vándalos que trabajan al servicio de oficinas de abogados, en embargos, desalojos y ejecuciones de sentencias irregulares, ejecutando acciones “en nombre de la ley”, contra familias deudoras, contra hoteles, empresas, negocios y comercios o, en fincas, o en la cobranza de prestaciones laborales, con cuyos actos se han enriquecido, hasta el hipo, y son hoy poderes constituidos muchas firmas de abogados, al servicio de esa condensación del poder de los criminales y delincuentes.

Ocurre así con la Casa de Cambio Solano, con los Torneos de Golf que financió Arturo del Tiempo Marqués para la policía, en Marzo de 2008 y el que hubo que suspender sin explicaciones en el 2009. Pasa lo mismo con las infinitas expulsiones y cancelaciones de miembros de los cuerpos castrenses y policías, pero, también, con las múltiples reuniones del Presidente con el llamado Consejo de Seguridad Democrática.

Sigue el Asesor en materia de drogas denunciando planes de los delincuentes y de los criminales, contra los poderes constituyentes, sin presentar un resultado peor que la expulsión vergonzosa de más de 5,000 militares y policías, por actos ligados a la violencia, a la criminalidad y a la delincuencia organizada.  Con lo cual el poder político y social nos demuestra que, todo el poder de la violencia, de la delincuencia y de la criminalidad organizada, más allá de las razones sociales que se les pudieran atribuir, se sostiene en la impotencia, tanto de los poderes públicos, como en la inopia de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

Émile Durkheim, habla del troquelamiento del sujeto, y Erich Fromm, en Etica y Psicoanálisis se refiere a la conciencia autoritaria.  Tratan ambos el dominio y la sumisión, de ese poder que hoy ejercen los criminales sobre nuestras instituciones públicas, privadas y cívicas.

De esa sumisión que, en modo alguno significa aceptación ni obediencia, pero, si esa ausencia de resistencia a las órdenes y decisiones de las bandas criminales, que tienen y demuestran los funcionarios públicos, al poder de la criminalidad, la violencia y la delincuencia.

Quisiéramos, por último, recordarles al poder político y social, que su mayor decadencia y abyección objetiva se produce en el mismo momento que aceptaron su propia condición de cómplices, al transformarse en soportes del poder de la violencia, de la criminalidad y de la delincuencia.

 

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