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Violencia intrafamiliar sin controles sociales y políticos

Pedían apoyo oficial tres organizaciones sociales, para el refuerzo de la lucha contra la Violencia Intrafamiliar.  Solo esta consigna: Lucha contra la Violencia Intrafamiliar, dejaba claro, el desenfoque de estas instituciones en el manejo del tema.

Usa la violencia quien carece de capacidad para alcanzar sus metas por medios pacíficos. Todo conflicto que ocurre en nuestras familias, se resume en la pérdida del lenguaje.  Hablar de lucha contra la violencia es un prejuicio y una superstición sociológica del problema. Porque la violencia es un fracaso de la inteligencia, nunca un fracaso de género o personal.

Pensemos en que los conflictos surgen cuando un individuo, independientemente, de su condición económica o de su estatus social, busca alcanzar un bien o un valor, pero desconoce los medios pacíficos para alcanzarlo.  Es lo mismo cuando quiere impedir un daño y desconoce cómo evitarlo.

Es esta la clave para descubrir las evidencias de esta demanda política, social y familiar.  Vemos hoy a una relación de pareja, sin saber, que desde nuestra libertad, tomamos la decisión sentimental de formar un proyecto mancomunado con otra persona, que es también libre.

Buscan, los dos, metas personales y objetivos de la pareja y, al mismo tiempo, cada uno por su lado, sin conceso, ni concierto común.  Ahí surgen los conflictos, es decir, las diferencias entre la mujer y el hombre o viceversa.  Aquí asoma la lucha de poder entre él y ella.  Las reglas estarán determinadas por una ecuación de dominio y de obediencia, quién domina y quién obedece.

Serán siempre impredecible los alcances y los límites de estos controles, puesto que influyen muchos factores: La capacidad y solvencia económica, quien despierte mayor atracción y deseo sexual en el otro, las dependencias familiares y sociales de uno y del otro, por citar algunos ejemplos.

Es imprescindible la instrucción, el entrenamiento y la formación del carácter de la mujer y del hombre, a fin de que, ambos, estén en  capacidad de saber cómo alcanzar inteligentemente, y con medios decentes, las metas que se les puedan presentar, tanto  las personales como las del proyecto común, la familia.  Es esta inteligencia social y cultural la que permite construir las herramientas familiares para resolver los conflictos.  Sirve también, para eliminar los riesgos, las amenazas y conjurar los efectos nocivos de los agentes extraños a la pareja.

Entendamos que la violencia intrafamiliar es la falta de inteligencia de uno y, de otro, para resolver los conflictos.  Estos se aprenden en la familia, en la iglesia, en la escuela, en los clubes sociales o deportivos, en  las juntas de vecinos, y en el espacio laboral.  Es un asunto de virtud, la aplicación de todos los conocimientos y de la cultura que recogemos sociedad y en la familia.  Estas informaciones y conocimientos están fuera de nuestras cabezas.  En nuestros cerebros solo están los significados. Porque los hábitos cognitivos, los hábitos operativos y los hábitos afectivos ya incorporados a nuestra inteligencia, son los encargados de perfilar y definir nuestro carácter.

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