Por: Manuel Méndez

SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Como si se tratara de una persecución a una comunidad impactada por las furiosas aguas del Río Blanco, ahora esta zona se encuentra amenazada  por dos lagos.

Tras la tragedia de río Blanco, Jimaní se levantó, pero años más tarde las aguas lo persiguen. Ahora son las del Lago Enriquillo que aumentó su caudal considerablemente, ocupando terrenos y plantaciones agrícolas.

Del lado haitiano existe otra amenaza que ya sepultó la histórica Aduana de ese municipio fronterizo, el Lago Azuey, amenazando también el empleo informal de la zona. Se afirma que ambos  tienen conexiones debajo de sus respectivos caudales acuíferos.

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Villa Solidaridad y Villa Armonía fueron dos sectores construidos a los afectados, a este último se dirige uno de los lagos.

Mientras esto ocurre, el lugar de la tragedia comienza hacer poco a poco a ser habitado y se levantan construcciones cerca del rio blanco, olvidando al parecer lo que ocurrió alrededor de ese afluente.

Al día de hoy, las ayudas ofrecidas solo han llegado al municipio Boca de Cachón, impactado por el Lago Enriquillo “un valorado triunfo”, aunque Jimaní dice no puede decir lo mismo.

La furia de ambos lagos provoca desasosiego y angustia en la comunidad fronteriza de Jimaní, donde sus habitantes afirman que por nada abandonarían la tierra que le vio nacer.