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Voces clamando en el desierto

El presidente de EDUCA, licenciado José Mármol, por nueva vez ha instado a la Asociación Dominicana de Profesores que desista de apelar al mecanismo de las huelgas para sustanciar sus reclamos, utilizando por el contrario, la vía del diálogo.

Si este debiera ser el procedimiento adecuado para dirimir conflictos en todos los casos, aún los más complejos, tal como sobradamente demuestran las múltiples experiencias en las que por lo general, ha servido de eficaz mediador, monseñor Agripino Núñez Collado,   mucho más se impone en dos sectores fundamentales.

Uno es el de la salud, donde la paralización de los hospitales afecta de manera directa a los grupos más vulnerables de la población, que no disponen de medios para acudir a la medicina privada.

El otro, es el de la docencia, cuya suspensión es uno de los más graves males que tradicionalmente han contribuido al enorme atraso que acusamos en materia educativa puesto de manifiesto en las pruebas escolares y magisteriales efectuada en el plano local como en las mediciones regionales, donde pareciera que nos tienen reservado el puesto de cola como inquilinos fijos.

Educación y salud debieran ser áreas sagradas.  Ajenas a la intromisión partidaria y al clientelismo.  Con políticas bien elaboradas, eficientes, de común compromiso y continuidad en el ejercicio de gobierno.   Donde se produzca una estrecha y permanente alianza entre los servidores de la salud por un lado y los maestros por otro con las respectivas autoridades en ambos campos.  Que excluya la suspensión de servicios y todas las diferencias y reclamos se resuelvan en la mesa de negociaciones.

Cuando se firmó el Pacto por la Educación en ocasión de poner en vigencia efectiva la ley del cuatro por ciento, se entendió que uno de los puntos acordados  era precisamente no perder una sola hora de clase lo que implica erradicar la perniciosa práctica de los paros y huelgas escolares.  Se lo recuerda precisamente a la directiva magisterial el presidente de EDUCA.  No ha ocurrido así.   Es como colocarnos de nuevo en reversa.  Volver al pasado funesto.  Dejar de nuevo las aulas desiertas, los alumnos sin docencia, en total desorientación y con el negativo ejemplo de un acto definitivamente irresponsable por parte de quienes debían servir de modelo de cumplimiento y responsabilidad.

Para este lunes está convocado el diálogo entre las autoridades de educación y la directiva de la ADP.   No importó que el Ministro Andrés Navarro invitara a la mesa de negociaciones para que los maestros dejaran las aulas a fin de marchar en la mañana del viernes sobre la sede del ministerio.  Era más importante la demostración que la docencia, como un acto de presión.  La ADP funciona como un sindicato donde lo que importa por encima de todo es el interés y bienestar de sus afiliados.  La docencia, como vocación de entrega, queda relegada a un segundo plano.  Es añorada historia pasada de entrega absoluta a la escuela por parte del maestro.  Bajo esta premisa, el futuro de la educación nacional seguirá marchando a la deriva.  Con nuestro último lugar de permanencia reservada en las mediciones regionales.

Algo parecido ocurre con la UASD, cuya historia actual dista y está bien reñida de la que exhibió apenas 4 décadas atrás, cuando graduaba muchos de los mejores y más prestigioso profesionales del país y, por vía dolorosa del martirologio, se convertía en símbolo de lucha cívica y faro de esperanza.  Esa Alma Mater por la que el psiquiatra César Mella, uno de sus distinguidos egresados, eleva un doloroso réquiem en su columna dominical de El Nacional, contrastando sus nobles orígenes y glorioso antepasado con el presente.  Requerida de una exhaustiva auditoría para determinar el uso que da a los fondos que recibe de los contribuyentes y de un enérgico proceso de reingeniería y saneamiento.

Frente a tan penoso cuadro de la educación pública en el país cada vez más distanciada de la privada,  voces como la del presidente de EDUCA y otras figuras representativas de la sociedad, justamente preocupadas por lograr el objetivo de una educación de calidad, seguirán clamando en el desierto, hasta tanto en cuanto no se adopten los urgentes correctivos de lugar.

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