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Votar y no votar

Votar es un derecho y no votar también, que solo deben ser negados por el acto de conciencia que motive una u otra decisión.

Votar no es ni un deber ni una obligación, menos si no se presentan condiciones, candidatos/as, propuestas y fuerzas confiables para lograr las transformaciones necesarias.

No votar es una opción tan válida, según las circunstancias y las convicciones, como votar por tal o cual candidato/a o partido.

No creo –como pregonan oficialistas-continuistas, opositores-electoralistas y funcionarios electorales- que abstenerse de ir a unas urnas viciadas equivale a perjudicar la “democracia dominicana” y/o a favorecer a una de las partes.

Ni las próximas elecciones  tienen la menor posibilidad de ser una “fiesta de la democracia”, ni es verdad que disfrutemos de una democracia real. Aquí existe  una dictadura política de nuevo tipo, un Estado bajo control de un  solo partido, convertido en una corporación de la corrupción asociada a mafias políticas, empresariales, transnacionales, policiales, militares, civiles…que ha volcado todos sus recursos, trampas y adulteraciones hacia unos comicios bajo su total control; previo soborno y compra de una gran parte de un sistema de partidos degradado.

Tendrán lugar unas votaciones ya ensuciadas y condicionadas, sin árbitros confiables… a manera de colofón de una larga fiesta de la corrupción e impunidad.

Tampoco es cierto –como dicen Guillermo Moreno y Luís Abinader (candidatos opositores)- que no votar el 15 de mayo es la mejor forma de ayudar a la reelección del gobierno, cuando todo parece indicar que ir a esas votaciones manipuladas y corrompidas podría ser la culminación de una línea que le ha hecho el juego al régimen peledeísta desde una oposición inconsistente, institucionalista, boba, tonta y pusilánime.

Una “oposición” que aceptó “árbitros”  (JCE, TSE, TC…) absolutamente parciales. Sin ley electoral, sin reglas claras, sin límites a los abusos de poder y sin equidad, en el contexto de una dictadura mediática a favor fundamentalmente del PLD y aliados. Que acató sumisamente sus sentencias y disposiciones mostrencas.

Que previamente se plegó pasivamente a la Constitución neoliberal y autocrática del 2010,  renunciando a la democracia de calle.  Que solo gasta fundillos en aires acondicionados. Diferente al PRD de Peña Gómez, a la oposición  y situación de 1978 que hoy se esgrime. Que no quiere entender que ESTO  no se cambia ni desde adentro ni solo a través de comicios bajo control de esa perversa corporación morada (color del PLD-partido de gobierno), sino desde un contrapoder de calle y una democracia de pueblo, capaz de generar un nuevo proceso constituyente.

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