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¿Y si dejásemos de quejarnos?

¿Y si dejásemos de quejarnos?
¿Y si dejásemos de quejarnos?

REDACCIÓN.- Puede parecer un reto fácil, sin embargo no lo es tanto cuando nos ponemos a ello y nos hacemos conscientes de la gran cantidad de quejas que emitimos cada día. ¡Son demasiadas!

Tras el primer fracaso que experimentaremos con respecto a esto, saldrá en nuestra ayuda una de las justificaciones más adecuadas para este caso: “quejarse no es, en realidad, tan malo, ¡me ayuda a desahogarme!”.

Sí, es cierto. Quejarnos nos ayuda a liberarnos de la frustración, la rabia, la impotencia y de muchos otros sentimientos que nos pueden estar abordándonos.

Sin embargo, a veces, nos quejamos por todo, hasta por cosas nimias: nos hemos transformados en quejicas patológicos.

Quejarnos hace que tan solo nos centremos en lo negativo

Quejarnos es fácil, pero provoca que tan solo nos centremos en lo negativo que nos sucede. No nos permitimos ver la otra cara de la moneda, observar lo que nos ocurre desde otras perspectivas.

Esto termina provocando que nos sintamos desdichados, que creamos que todo lo malo nos sucede a nosotros sin poder hacer nada para evitarlo. Es aquí cuando caemos en el tan conocido victimismo.

Quejarnos impide que tomemos decisiones. Nos sitúa en una posición cómoda en la que no estamos a gusto, pero en la que tampoco hacemos nada para salir de esa situación.

Es entonces cuando adoptamos el rol de víctimas. Sin embargo, no estamos atados, nadie nos está reteniendo para que soportemos las circunstancias en las que estamos sumergidos.

No obstante, tomar una decisión siempre es difícil y, en ocasiones, nos provoca una gran pereza. Es mejor estar en nuestra zona de confort, no movernos y quejarnos desde ahí.

Sin embargo, esta actitud no solo hará que nos centremos en lo negativo, sino que provocará que, poco a poco, nuestra vida se torne así, llena de negatividad por todas partes.

Las quejas por las cosas más pequeñas

Cuando las quejas toman un papel protagonista en nuestra vida, empezamos a hacer uso de ellas en las situaciones más irrelevantes.

Por ejemplo, que un vaso se caiga y rompa puede suponer ya una queja. ¡Parece todo un drama! Cuando, en realidad, si lo analizamos con perspectiva nos damos cuenta de que no es para tanto.

Esto también puede ocurrirnos cuando estamos en una situación que no nos es grata. Por ejemplo, estar viviendo en la casa de los suegros o aguantar a un jefe que no actúa de la manera que debiera con sus empleados.

Anímate a hacer este reto de estar un día entero sin quejarte. Pero, ¡cuidado! Porque tendrás que lidiar con unas quejas inesperadas, las que no se pronuncian.

Nuestra mente también se queja, al igual que juzga, que recrimina o critica. Solo que no le damos la misma importancia, dado que no son pronunciadas por nuestra boca.

Sin embargo, el efecto es el mismo y la actitud ante la vida también. Así que debemos estar muy atentos para dejar de quejarnos en todos los sentidos y de todas las formas.

Puede que te lleve varios intentos, pero no desistas. Cuando logres estar 24 horas sin quejarte te darás cuenta de que puedes ser más positivo, que lo que te ocurre no supone tanto drama y de que siempre hay un lado bueno de las cosas.

Como no hacemos nada por salir de esa situación porque tenemos miedo, porque lanzamos justificaciones que, en realidad, son fruto de nuestra inseguridad, terminamos saltando y quejándonos por las cosas más nimias.

Es una manera que tenemos de exteriorizar nuestro gran malestar. El problema es que, en vez de ser conscientes de esto, lo tomamos como algo normal.

Tendemos a acostumbrarnos a las cosas, en vez de analizarlas y verlas de manera que podamos entenderlas para así poder tomar decisiones y hacer que nuestra vida sea mejor.

No tires la toalla una vez logres estar un día sin quejarte. Prueba luego con dos, tres… y así ¡hasta dónde puedas! La forma en la que pensamos y vemos lo que nos ocurre es muy importante.

Mucha de la negatividad que hoy impregna tu vida se irá cuando dejes de quejarte.

Fuente: Mejor con Salud

 

 

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