Con fundadas expectativas

Hay que lamentar que el avance no haya incluido a las mujeres, que por el contrario tienen una ligera reducción en la Cámara de diputados, con apenas un 27 por ciento, y en el Senado una más pero sólo 12.5 por ciento de la matrícula. En ambos casos lejos de la cuota mínima de candidaturas que es 40 por ciento, lo que obliga a minuciosa revisión.

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Es una pena que las circunstancias por las que atraviesa el país y gran parte del mundo no sean propicias para la gran celebración que merece el cambio de gobierno que tendrá lugar el próximo domingo, cuando se instalará un nuevo Congreso Nacional y los ciudadanos Luis Abinader y Raquel Peña sean juramentados como presidente y vicepresidenta de la nación.

            Hay muchas razones para celebrar,porque se trata de una gran renovación, no sólo del Poder Ejecutivo, con ungran equipo ministerial ya anunciado, sino también del Legislativo, en esteúltimo como hace muchos años no se producía, por ejemplo en el Senado dondeapenas repiten 3 de sus 32 miembros, y es relevante que más de la mitad de losdiputados serán debutantes y la mayoría jóvenes menores de 35 años, algo sinprecedente. Positivo también que la primera mayoría ya ha nominada a lalegisladora más joven, Olfanny Méndez de 26 años, como candidata avicepresidenta de la Cámara de Diputados.

Hay que lamentar que el avance no haya incluido a las mujeres, que porel contrario tienen una ligera reducción en la Cámara de diputados, con apenasun 27 por ciento, y en el Senado una más pero sólo 12.5 por ciento de lamatrícula. En ambos casos lejos de la cuota mínima de candidaturas que es 40por ciento, lo que obliga a minuciosa revisión.

Muchas expectativas se han tejido tras las victorias electorales demarzo y julio, especialmente por  haberseproducido superando un inmenso abuso del poder estatal, de la manipulación delos programas sociales y un gasto desmedido de dinero público. Debe seraleccionador que casi todos los senadores perdieran con todo y sus barrilitos,algunos casi con dos décadas enquistados en el Congreso, reeligiéndose a basede privilegios.

La obligada austeridad y moderación en la celebración del cambio espropicia para una profunda reflexión sobre el devenir de la nación, y parafundamentar las expectativas a la luz de la crisis de salubridad, conderivaciones económicas y sociales que aún no pueden documentarse en sumagnitud, ya que todavía no se vislumbra el horizonte en la contención delcoronavirus.

Con una realidad tan compleja y desfavorable, los cambiosestructurales se hacen más difíciles porque la mayor parte de las energías gubernamentalesse consumirán en reparar techos,  puertasy ventanas del edificio social, por lo menos en el primer año. Eso obligará ala indulgencia con las nuevas autoridades. Pero estas tendrán que revalidarsesostenidamente atendiendo a las demandas y compromisos que no requieren muchosrecursos y que,  por el contrario, implicaráneconomía.

Tal es el caso de la supresión o fundición de  órganos inoperantes o redundantes, lareducción de una buena cantidad de botellas y botellones, la proscripción de lamalversación, de todo género de corrupción, y de la impunidad. Hay casosrelevantes pendientes de acción judicial, e imprescindibles auditorías quepodrían terminar en expedientes del Ministerio Público. No se trata de montarun circo ni de saltarse los procedimientos, por lo que deberán prevalecer ladocumentación y la objetividad, dejando atrás la aparatosidad de los allanamientospara producir detenciones.

La agudización del desempleo y la pobreza deberían propiciar laaplicación de los límites establecidos en la ley de salarios del Estado, paraeliminar enormes distorsiones, como esa de que muchos funcionarios ganan dos ytres veces lo que reciben el presidente de la República y sus ministros.

El presidente electo ha presentado unas credenciales muy bienrecibidas por la opinión pública, incluyendo su compromiso de un MinisterioPúblico independiente, sendero por donde debe transitar toda la justicia,incluyendo organismos como la Junta Central Electoral, el Tribunal Constitucionaly la Defensoría del Pueblo de inmediata renovación, o el Tribunal SuperiorElectoral y la Cámara de Cuentas para el año próximo.

El economista y empresario Luis Abinader ha prometido la revolucióndel imperio de la ley y el fortalecimiento de la institucionalidad democrática.También un nuevo modelo de desarrollo económico-social, con disposiciones parareducir la desigualdad, pero sobre todo una regeneración moral y ética de lasociedad, y ahí estarán las más fundadas expectativas.- .                    

Juan Bolívar Díaz

Juan Bolívar Díaz

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