La integración de análisis prospectivos en políticas públicas es clave para superar la trampa del ingreso medio.
Por: Vladimir Pimentel Florenzán
A propósito de la celebración del Día Mundial de Futuros, celebrado cada 1ro. de marzo y la jornada de rendición de cuentas por el Presidente Luis Abinader, el pasado 27 de febrero, me permito hacer una conexión y reflexión, tal vez atrevida, pero de seguro necesaria, si consideramos un discurso que plantea una narrativa hacia el año 2036 y el compromiso de convertir la República Dominicana en un país desarrollado en una generación.
Esa meta no es menor. Implica duplicar el tamaño real de la economía dominicana en apenas una década. Implica romper la trampa del ingreso medio. Implica transformar productividad, capital humano, exportaciones y atracción de inversiones e institucionalidad.
El presidente Abinader menciona la palabra “FUTURO” en 15 momentos, quizás como un eje retórico transversal. Pareciera que este no es un constructo ornamental y que este busca apuntar a un marco estratégico que aborda el futuro desde cinco dimensiones, que hemos identificado: economía y productividad, lo social (vivienda, movilidad, juventud, bienestar), ambiente e infraestructuras híbridas, institucionalidad y lucha contra la corrupción y la educación.
De esto deriva la pregunta obligada: ¿Es posible alcanzar estos objetivos de política pública sin una plataforma formal de estudios de futuros y prospectiva estratégica?
Anticipar para liderar.
El desafío actual ya no es solo crecer, como ha venido haciéndolo el país. Lo importante es la calidad de ese crecimiento y hacia donde estamos creciendo. Especialmente cuando nos enfrentamos a una economía global que atraviesa por cambios estructurales, con el uso de la inteligencia artificial, la relocalización de cadenas de suministro, la transición energética, la automatización industrial y tensiones geopolíticas.
Un mundo cada día más volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA, siglas en inglés), lleva los países a pasar de la reacción a anticiparse, para dar respuestas oportunas. Para esto se demandan los estudios de futuros (o prospectiva estratégica), una disciplina rigurosa que combina análisis de tendencias, identificación de incertidumbres críticas, construcción de escenarios y el diseño de estrategias adaptativas.
Adelantarnos a la transición
El discurso presidencial dejó ver señales que apuntan hacia una transformación productiva: integración a industrias tecnológicas avanzadas, acuerdos vinculados a inteligencia artificial, expansión logística, fortalecimiento de zonas francas y diversificación agroexportadora. Estas iniciativas no son hechos aislados. Son posibles puntos de inflexión.
Cuando un país fortalece sus exportaciones, atrae inversión tecnológica y apuesta por sectores de alto valor agregado, está alterando su estructura económica. Pero esas transiciones pueden consolidarse o diluirse dependiendo de la capacidad institucional para anticipar riesgos y coordinar decisiones.
Para diseñar políticas coherentes El análisis prospectivo, hace preguntas como: ¿Cómo impactará la automatización en el empleo formal que hoy celebramos?, ¿Qué vulnerabilidades enfrentan nuestras exportaciones ante cambios regulatorios globales?, ¿Está nuestro sistema educativo alineado con las habilidades que demandará la economía de 2036?, ¿Cómo afectará el cambio climático a la agroindustria, uno de nuestros pilares productivos?
Un horizonte estratégico de 10 años
En términos técnicos, el año 2036 funciona como un “horizonte normativo”: un punto en el tiempo que organiza decisiones presentes. Pero un horizonte sin escenarios es una aspiración política. Un horizonte con escenarios es una estrategia nacional.
Países que hoy lideran en competitividad, como Finlandia, Singapur o Corea del Sur, institucionalizaron hace décadas sus unidades de prospectiva. Incorporaron análisis de futuros en la formulación de políticas públicas, planificación industrial y diseño educativo. La República Dominicana necesita avanzar en esa dirección.
Si aspiramos a duplicar la economía, debemos duplicar nuestra capacidad de anticipación.
De la rendición de cuentas a la rendición de escenarios
Tradicionalmente la rendición de cuentas evalúa el pasado: cuánto crecimos, cuánto invertimos, cuántos empleos creamos. Esa información es indispensable. Pero, en un entorno global volátil, debemos complementar la rendición de cuentas con algo adicional: “rendición de escenarios”. No solo informar lo que hicimos, sino explicar cuáles futuros estamos construyendo, qué riesgos enfrentamos y qué alternativas estratégicas estamos considerando.
El discurso del 27 de febrero ofrece una visión orientada al futuro . El siguiente paso institucional podría ser consolidar una arquitectura permanente de inteligencia económica y prospectiva estratégica que acompañe esa visión. No se trata de crear burocracia. Se trata de fortalecer capacidad.
Una agenda nacional pendiente
Celebrar el Día Mundial de los Futuros debería impulsarnos a tomar decisiones concretas, como:
1. Crear una unidad nacional de estudios de futuros vinculada a la planificación económica.
2. Integrar análisis de escenarios en la formulación presupuestaria y planificación pública y empresarial
3. Alinear educación técnica y superior con tendencias tecnológicas emergentes.
4. Incorporar análisis de riesgos climáticos y geopolíticos en la estrategia de internacionalización.
5. Fortalecer la coordinación público-privada basada en información prospectiva.
La economía dominicana ha demostrado disciplina fiscal, dinamismo exportador y estabilidad macroeconómica. Esos son cimientos sólidos. Pero la próxima etapa exige sofisticación estratégica. El desarrollo no ocurre por inercia, ocurre por diseño.
Pensar el futuro es una decisión política
El futuro no es un evento inevitable. Es una construcción colectiva que depende de nuestras decisiones presentes. Si la Meta RD 2036 busca transformar la estructura productiva, elevar salarios reales y consolidar una economía más sofisticada, entonces los estudios de futuros no son un lujo académico. Son una herramienta de gobernanza.
Este 1 de marzo no debería pasar desapercibido. Debería ser un recordatorio de que el mayor activo de una nación no es solo su crecimiento actual, sino su capacidad de imaginar, modelar y construir el crecimiento que aún no existe. Porque el futuro no se espera. Se diseña. El momento de hacerlo es ahora.