I.- A manera de explicación
1.- En un medio como el dominicano, en el cual hasta los metales preciosos pierden el brillo o diafanidad, algo tan exquisito como la amistad hay que manejarla con absoluta claridad, transparencia, franqueza en la comunicación y honestidad en todo lo tratado deben servir de base a unas relaciones humanas de hermandad.
2.- Para evitar cualquier equivocación o desacierto en mi trato y camaradería con amigas y amigos, en el año 2017 escribí Mi código de la amistad.
3.- Para que el conjunto ordenado de las ideas, conceptos y principios en los cuales fundamento la amistad fueran debidamente conocidos por amigas y amigos, publiqué Mi código de la Amistad en el libro de mi autoría: «Mi parecer sobre la sociedad dominicana de hoy».
4.- Por si una amiga o amigo ha dejado de tener presente en su memoria Mi código de la Amistad, a continuación procedo a publicarlo en dos días consecutivos.
5.- He hecho la introducción anterior porque desde lo más profundo de mi alma me sale el deseo de hacer este escrito sobre la amistad y lo que para mí significa.
II.- El Código
6.- En mi cabeza tengo una especie de código compuesto por normas que me dicen cómo debo comportarme con aquellas personas que mentalmente individualizo como amigas o amigos. Me creo un ejecutor de reglas que no debo eludir, porque soy responsable voluntario de no esquivar su cumplimiento.
7.- Mi conciencia me manda a honrar mis convicciones; obedecer bajo cualquier circunstancia con el amigo o la amiga; respetar lo que el momento me dice, si el cometido me impone quedar bien, acorde a lo que me he enclavado en el cerebro como combinación codificada de la amistad.
8.- La línea de conducta con los míos, en las relaciones de afectos con aquellos que están en la lista de amigas y amigos, no da ocasión para disculpas ni justificaciones. Mis normas de lo que debo hacer con el amigo o la amiga no me permiten procurarme explicaciones pueriles, ni el consabido penseque.
9.- Me muevo apalabrado; creo estar enredado con la palabra dada a quien confía en que soy su amigo. Por esa confianza debo contraer todos los compromisos, sin importar riesgos. Poner mi voz en los oídos de mis amigas y amigos, siento que ha sido acogida y tengo el deber de honrarla.
10.- Para mis amigas y amigos, siempre estoy ahí, donde me necesitan. Listo para lo que les pueda ser útil, en las buenas y en las malas; presto para acercarme, estar juntos o, si es de su interés, alejarme, separarme por conveniencia suya. Creo ser, por momentos, un instrumento de lo que el amigo o la amiga necesita de mí. Lo que no hago es escabullirme, echar el cuerpo afuera; marcharme; escurrir el bulto en el momento en que se necesita mi presencia.
11.- Aquel que cuenta con mi amistad puede decir que nunca está solo, porque siempre estaré a su lado, espiritual o físicamente. No creo en dejar aislado, abandonado, desamparado a quien debo solidaridad, compañía, calor humano. En la dificultad del amigo debo hacer de facilitador, apoyarlo sin buscarle la quinta pata al gato.
12.- La persona del amigo o la amiga la veo como la continuación de la mía; no percibo diferencia, desemejanza ni disparidad. Todo descansa en que para mí solo hay igualdad de afectos, semejanza en el cariño y la comprensión.
13.- No tengo mis oídos preparados para escuchar contra mis amigos o amigas las diabluras, chismes y granujadas que puedan salir de las gargantas de los canallas, malvados, envidiosos y resentidos. Me convierto en un duro de oídos, como una tapia, terminando en hacerme el sueco.
14.- Pierde su tiempo aquel que escribe denostando, fastidiando o de cualquier forma lesionando a mi amiga o amigo. Me comporto como un invidente, un obstruido de la vista, con solo ver el título o la primera palabra escrita, dañando a la persona que está fichada en mi conciencia como mi amiga o amigo.
15.- No le doy cancha, no tiene espacio en nada relacionado conmigo, el difamador y descalificador que procura tomarme como caja de resonancia, fuente para dar a conocer ideas sucias, intenciones para enlodar, deslustrar la persona digna y honorable de mi aliada en el afecto.
16.- No le hago coro a quienes se interesan por hacer circular infundios y perversidades contra mis cofrades. Me comporto sin correlación alguna con los que buscan tener aliados en las adversidades de mis compañeros. Si mi amigo comete una falta, no se la celebro, busco la forma de que la corrija, que rectifique; no se la aplaudo ni me pongo a propagarla, pero de él no hago leña.
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