¿Por qué si los asunto van bien las cosas están mal?

Y es que hemos tenido mucho crecimiento, pero la distribución del ingreso apenas ha mejorado.

Nos explican que debido a un sostenido crecimiento económico de muchos años nuestro paisito de ayer se ha convertido en la sexta economía más grande de América Latina, superada tan solo por los gigantes de Brasil, Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y México.

Además, hemos sido la economía que más ha crecido en nuestro continente durante los últimos cincuenta años. Recientemente hemos crecido con estabilidad de precios, con inflación por debajo del 4% y con devaluación que no supera esa proporción. Las empresas calificadoras de riesgos como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch elogian nuestra economía y cuando nuestros gobiernos acuden al mercado para emitir bonos soberanos los compradores se ponen en fila y su demanda excede los bonos que queremos emitir. La inversión extranjera nunca ha estado tan alta aquí, ni las remesas, para no hablar del turismo. Nuestra banca que ayer sufrió los tropiezos de un Baninter quebrado fraudulentamente hoy disfruta de índices de solvencia muy altos.

Pero, a pesar de todo eso, las cosas andan mal. Si vemos las estadísticas sobre analfabetismo y bajos niveles de educación, peor que nosotros en el hemisferio tan solo está el país del otro lado de la isla. En la lista de los países que toman las pruebas Pisa quedamos entre los peores y todo eso a pesar de que nuestra sociedad civil se empeñó, durante años, hasta lograrlo, que el 4% del PIB se invirtiera en educación. Pero parece que esa gran cantidad de plata se fue en cemento y varillas, creando y mejorando aulas escolares y en ofrecer desayuno a los niños para estimularlos a asistir a las clases. Pero no ha mejorado la calidad de los maestros cuyo sindicato, entre nosotros, como el de todos los de diferentes profesiones, en vez de defender los intereses de su profesión, lo que hacen es convertirse en organismos adscritos a partidos políticos, unos en el poder y otros en la oposición.

Cada día los economistas coinciden más en que el crecimiento depende de lograr educar a los jóvenes y no tanto en reformas agrarias, reformas tributarias, inversión extranjera y estabilidad. El dominicano que va a la escuela Loyola de los jesuitas o a la de los salesianos, o a escuelas manejadas por evangélicos, tiene mayores posibilidades de conseguir empleos bien remunerados, que los que salen de escuelas públicas. A nivel universitario más posibilidades tiene de conseguir un buen empleo un egresado de una INTEC privada, que el de una UASD pública. Los colegios privados educan mejor que los públicos, pero no existen mecanismos de becas para que el sector privado logre transferir a niños brillantes de escuelas públicas a privadas ubicadas en su propia comunidad. Cuando se habla de traer maestros españoles, cubanos o venezolanos el sindicato de maestros reacciona de forma irracional. ¿Cómo lograr mejorar la educación dentro de estas limitaciones?

En el área de la salud, cuando el gobierno del PRD sacó a las monjas de la administración de los hospitales públicos cometió un gran error, provocando servicios menos eficientes en el área de la salud. No es verdad que podremos seguir progresando económicamente con un sistema de educación y de salud tan atrasado. ¿Qué prometen los candidatos presidenciales al respecto?

Hace poco fui a Caucedo a recibir a un extranjero quien tenía intenciones de invertir en el país. En el trayecto hacia la capital le fui describiendo los éxitos de nuestra economía en años recientes para así estimularlo a invertir, pero al momento de cruzar el puente sobre el río Ozama, mirando a la derecha, hacia la gran “favela” de chozas de pobres, el extranjero me dijo: “Y si todo anda tan bien, ¿cómo explicar esta pobreza”?

Y es que hemos tenido mucho crecimiento, pero la distribución del ingreso apenas ha mejorado.