La figura de Juan Pablo Duarte es defendida como símbolo patriótico frente a ataques verbales en medios electrónicos.
Santo Domingo.– El 2 de octubre de 2018 me referí en esta columna a una grave ofensa a Juan Pablo Duarte perpetrada por Àlvaro Arvelo, que motivó el siguiente artículo de Miguel Guerrero, que rescato en celebración de medio siglo de amistad con este gran periodista.
“José Báez Guerrero resaltó ayer que un popular comentarista, a quien califica como ‘el payaso mayor del coliseo radiofónico criollo, muy creído de su propio valimiento’ llamó la semana pasada a Duarte, ‘cobarde, depresivo homosexual, histérico y canalla, carente de carácter y cojones’.
No es la primera vez que esa clase de abusos verbales se escuchan por la radio y muchos conductores de programas, que ahora se hacen llamar comunicadores, se han hecho populares ganando altos niveles de audiencia, a base de este lenguaje fuera de tono e irrespetuoso, sin que ninguna institución, y ni decir de las direcciones de las emisoras donde se emiten, se haya molestado en pedirle perdón al público y excusarse ante la nación.
Duarte merece todo el respeto de los dominicanos y hablar de él y sobre él con propiedad requiere de amplio conocimiento de su labor patriótica y de su entrega total a la causa de la República.
Las expresiones atribuidas al comentarista no sólo lo retratan y revelan su mediocridad y falta de formación hogareña. También exponen en toda su horrible desnudez, el tipo de falso periodismo que se impone en los medios electrónicos con un éxito comercial que alimenta el morbo y promueve el irrespeto a las buenas costumbres y el buen decir”.