Venezuela no saldrá del chavismo de un día para otro, advierte experto

El análisis indica que la permanencia del chavismo en Venezuela influye en la estabilidad y el futuro del país.

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Santo Domingo.– El abogado y experto en negociación Nelson Espinal Báez advirtió que Venezuela no vivirá una ruptura inmediata del chavismo, sino una transición pactada con las actuales estructuras de poder, en medio de la presión política y económica ejercida por Estados Unidos.

El experto señaló que la comunicación inicial no fue la más adecuada. A su juicio, ciertos discursos apuntaron más a intereses económicos que a principios democráticos, especialmente cuando se habló del control del petróleo venezolano. No obstante, destacó que posteriormente figuras como el senador Marco Rubio "matizaron" el mensaje, encauzándolo hacia una narrativa de ley y orden, que —según Espinal— ha sido la línea discursiva dominante de Estados Unidos para justificar su actuación en Venezuela.

Espinal Báez subrayó que, a diferencia de errores cometidos por Estados Unidos en conflictos anteriores como Irak en 2003, en el caso venezolano se observa una estrategia distinta.

Explicó que Washington ha optado por "decapitar, pero no desmantelar" el sistema de poder, evitando destruir por completo el aparato estatal y militar para no generar un vacío de poder que derive en caos, guerra civil o radicalización armada.

"La lección aprendida es clara: no se destruye un sistema antes de saber con qué se va a reemplazar", afirmó.

En ese sentido, sostuvo que el objetivo principal no es ganar un episodio puntual, sino controlar la transición. Para el especialista, los procesos de cambio político se negocian con quienes tienen capacidad real de ejecución y control, no necesariamente con quienes poseen legitimidad moral. Esta lógica explica, según dijo, por qué ciertos liderazgos opositores no son considerados actores viables en esta etapa del proceso.

Dinámicas internas y perspectivas de transición política

Sobre el futuro político de Venezuela, Espinal Báez consideró probable la convocatoria a un nuevo proceso electoral, aunque aclaró que esto correspondería a una etapa posterior de legitimación democrática. Afirmó que, siendo realistas, un liderazgo emergente no puede desmontar en corto tiempo una estructura construida durante 25 años de chavismo, marcada por alianzas, controles institucionales y redes de poder.

Recordó que muchas transiciones históricas, como la de España tras el franquismo o la República Dominicana tras Trujillo, fueron gestionadas por figuras del propio régimen saliente.

Uno de los puntos centrales de su análisis fue el equilibrio de poder interno en Venezuela, particularmente entre el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, y el ministro del Interior, Diosdado Cabello.

Aunque este último enfrenta acusaciones formales por narcotráfico en Estados Unidos, Espinal explicó que su permanencia responde a una lógica estratégica: eliminar a uno fortalecería excesivamente al otro. Mantener ambos polos de poder permitiría controlar a las fuerzas armadas y a los grupos armados irregulares, evitando un desbordamiento violento.

Respecto a la decisión del Tribunal Supremo de Justicia venezolano de extender por 90 días el gobierno provisional encabezado por Delcy Rodríguez, el especialista señaló que, aunque pueda ser cuestionable desde una lectura constitucional estricta, responde a la necesidad de dotar al proceso de un ropaje institucional.

Afirmó que en todas las transiciones se construyen marcos legales excepcionales —como comisiones de verdad o sistemas de justicia restaurativa— para sostener decisiones políticas complejas.

    Espinal Báez también alertó sobre el impacto social de las sanciones económicas, especialmente en los sectores más vulnerables. Reconoció que la presión económica puede generar descontento y protestas, pero insistió en que, desde una perspectiva humanitaria, sería deseable mayor flexibilidad para permitir que la población "respire no solo libertad, sino también supervivencia".

    En el plano regional, el analista fue escéptico sobre el rol de organismos como la CELAC o la OEA, afirmando que, en el contexto actual, su capacidad de incidencia es limitada y se reduce mayormente a discursos.

    Señaló que el mundo atraviesa una reconfiguración geopolítica marcada por zonas de influencia de grandes potencias como Estados Unidos, China y Rusia, lo que ha debilitado el peso del derecho internacional y de las instituciones multilaterales.

      Finalmente, Espinal Báez se refirió a la acusación formal del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Nicolás Maduro, calificándola como "muy fuerte y bien estructurada".

      Consideró poco probable una absolución y explicó que el proceso persigue dos objetivos clave: forzar la colaboración del acusado para revelar redes de corrupción y narcotráfico que involucrarían a actores internacionales, y reforzar la narrativa de ley y orden que legitima la intervención estadounidense.

      A su juicio, Maduro se declarará no culpable para abrir una negociación judicial que podría tener profundas implicaciones políticas.

        Con este análisis, Nelson Espinal Báez ofreció una visión compleja y estratégica de la crisis venezolana, destacando que el futuro del país dependerá menos de discursos ideológicos y más de negociaciones realistas, equilibrios de poder y decisiones cuidadosamente calculadas en un escenario geopolítico cada vez más crudo.


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