Ahorros que se creían perdidos

Miguel Guerrero.

La noticia pasó prácticamente inadvertida para la mayoría de los medios, muy ocupados en los avatares de la política nacional y los conflictos derivados del proceso electoral, pero la indiferencia mediática no le despoja de su enorme significado. A finales del mes pasado, 49 ahorrantes de diversas instituciones de intermediación financiera en proceso de liquidación recibieron los depósitos que por casi tres décadas creían perdidos.

Al dar a conocer el hecho, la Superintendencia de Bancos explicó que los pagos estaban pendientes desde comienzos de la última década del siglo pasado, exactamente 26 años, y fueron entregados conforme a las disponibilidades de recursos de las entidades de forma individual, por los que a unos les entregaron la totalidad de sus depósitos y a otros una suma en calidad de abono. Se trata de un acontecimiento muy importante, en su aparente sencillez, por cuanto implica una muestra evidente de transparencia en el delicado proceso de liquidación de numerosos bancos comerciales cerrados casi tres décadas atrás y un consiguiente fortalecimiento de los mecanismos de supervisión del sistema financiero, lo cual es una garantía del ahorro y, por ende, de la estabilidad de la banca nacional, que se haya, sin duda, en su mejor momento.

Mediante un comunicado de prensa, el Superintendente de Bancos, Luis Armando Asunción, informó que los recursos fueron entregados de acuerdo con lo estipulado en el artículo 88 de la Ley Monetaria y Financiera, en virtud del cual el producto generado por la venta de activos de las empresas en liquidación debe ser distribuido “conforme a la prelación existente entre los acreedores”.

La noticia puede parecerle irrelevante a muchos y talvez explique su poco despliegue mediático. Pero hay que ponerse en el lugar de aquellos que creían perdido los ahorros de su vida para entender el enorme significado que tiene ese hecho.