Dios, Patria y Juan Luis Guerra

El Estadio de las Águilas se llenó con 20 mil asistentes que disfrutaron de un repertorio de más de 40 años.

3 minutos de lectura
Juan Luis Guerra.

Juan Luis Guerra.

Escuchar el artículo
Detener

REDACCIÓN.– Santiago volvió a oler a fogaraté, a ciudad planchada para recibir a su hijo más universal, a una multitud variopinta que no llegó a un concierto, pero a un reencuentro con la memoria colectiva que guarda 4.40 desde que lanzaran "Soplando" en 1984.

Hablar de música en República Dominicana sin mencionar a Juan Luis Guerra sería casi una traición a la patria, pero verlo regresar al Cibao confirmó que su historia no es simplemente artística: es emocional, cultural y hasta espiritual, pues hay músicos que llenan estadios y hay músicos que construyen país.

Se vale rememorar que antes de estas cuatro décadas de "Ula´e", hubo cuatro muchachos que tuvieron que hacer jingles para sobrevivir; que hubo picoteos en bodas, viajes a estudios en cola´e motor, dormidas en colchones y hasta presentaciones "de balde" en la misma Pucamaima de la Ciudad Corazón.

-

Hoy, los fanáticos reincidentes (los que ya hasta sabemos que la cosa empieza con "Rosalía", o los pasitos prohibidos de Roger y Quico), no conseguimos entender cómo en un par de horas pueden meterse 40 años de himnos, donde, una y otra vez, volvemos a sentir lo que se siente cuando toca Juan Luis Guerra.

Y si no, pregúntenle al gringo que pronuncia la Billirrubina mejor que uno del patio, o al chino que va ensacado a cada función porque sabe que a la gloria se llega de gala.

El solo de Chocolate, los drones que dibujan líricas, la energía de Janina al piano, las pantallas que van sincronizando las metáforas de aquel arsenal de bachata, salsa y merengue; las 20 mil almas en el Estadio de las Águilas que no saben para dónde mirar, ni qué sentir.

Y entonces, como al "Maestro" no se le dice que no, aparece un Prodigio para un acordeón, un Sandy Gabriel para un saxofón, un Blachy para El Farolito y hasta un Rawaniana para el feriado.

    Pero antes de los Grammys y del Royal Albert Hall hubo una apuesta sofisticada a la que dijeron no: aquel merengue tradicional en las voces de Maridalia, Mariela, Roger y Juan Luis, fusionado con armonías vocales de jazz, era brillante, pero demasiado fino para una época dominada por coreografías explosivas y ritmos alto voltaje.

    Sin embargo, en ese fracaso comercial estaba la semilla de todo, y el nombre 4.40, referencia al patrón universal de afinación, no era casualidad. Desde el inicio, la excelencia técnica y el respeto por la música de aquellos jóvenes marcaron el camino.

    La historia cambió cuando Bienvenido Rodríguez escuchó aquellas voces y lanzó un reto: "Si tú me haces algo así, pero bailable, hablamos".

    -

    Así nació Mudanza y Acarreo (1985) y el país entendió entonces que estaba frente a algo distinto: "un merengue para los pies y para la cabeza".

    Y mientras el Estado inventa consignas y diseña logotipos para explicarse ante el mundo, hay una verdad que viaja sola, sin stand ni presupuesto. Viaja en un acorde mayor, en una tambora que no desafina, en un "Ojoooooooye" marca país que se sabe de memoria en cualquier latitud.

    Juan Luis Guerra es ese territorio que no necesita mapa: el pedazo de República Dominicana que siempre llega primero y se queda cantando.

    Es la emoción intacta, el orgullo sin estridencia, la dignidad vestida de música.

    Eso fue Santiago este fin de semana: un estadio hecho bandera, 20 mil voces izadas al mismo compás, pues cuando suena "el bandón", también revive un país que se reconoce y comulga bajo el lema de Dios, Patria y Juan Luis Guerra.

    Por: Camila García Durán


    LO MÁS LEÍDO
    LO MÁS VISTO
    TE PUEDE INTERERSAR