El derecho y la fuerza

El equilibrio entre fuerza y derecho es frágil y su ruptura genera crisis en países como Venezuela, Haití y Cuba.

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Víctor Grimaldi Céspedes.

Víctor Grimaldi Céspedes.

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Santo Domingo.– He escuchado en dos o tres ocasiones a un empresario amigo decir que el territorio que se conquista en una guerra no se devuelve a propósito de la Guerra entre Rusia y Ucrania.

La relación entre fuerza y derecho en la historia

Ese juicio y una revisión de tantos sucesos de la historia me han llevado a pensar sobre este tema que tanto se debate en estos días relacionado con el llamado Derecho Internacional.

El Derecho nace del ejercicio de la Fuerza. La Fuerza es el sustento del Derecho. Pienso eso y quizás por ignorancia lo creo.

Estas dos frases, tan breves como contundentes, condensan una de las verdades más antiguas y más incómodas de la historia política.

No se trata de una herejía jurídica ni de una provocación cínica, sino de una constatación histórica que atraviesa civilizaciones, imperios y repúblicas desde Hammurabi hasta las Naciones Unidas.

Ningún orden jurídico ha nacido jamás del consenso puro. Siempre aparece después de que alguien vence. Antes de que exista una ley, existe una victoria; antes de que se escriba un código, existe una correlación de fuerzas que lo hace posible.

    Roma no creó su derecho antes de dominar el Mediterráneo, sino para administrar lo que ya había conquistado.

    La Constitución de Estados Unidos no cayó del cielo, nació después de una guerra de independencia.

    La Declaración Universal de los Derechos Humanos surgió tras dos guerras mundiales y más de sesenta millones de muertos. El Derecho no crea el orden: lo codifica.

    La modernidad liberal ha intentado vender una ficción elegante: que la ley gobierna y no la fuerza. Esa frase solo es verdadera cuando ya existe una fuerza organizada capaz de hacer cumplir la ley.

    Un contrato vale porque hay un Estado armado que puede ejecutarlo. Una sentencia vale porque hay una policía que puede imponerla.

    Una frontera existe porque hay soldados que la defienden. Donde no hay fuerza organizada, el Derecho es literatura. Hobbes, Maquiavelo y Weber lo sabían muy bien.

    El equilibrio entre fuerza y derecho en la civilización

    Max Weber lo expresó sin adornos: el Estado es quien detenta el monopolio de la violencia legítima. Eso significa que el Derecho es violencia convertida en procedimiento.

    Multas, embargos, cárceles, expropiaciones, deportaciones y guerras no son otra cosa que fuerza con sello institucional. La diferencia entre el bandido y el juez no es la fuerza, sino quién la controla.

    Pero aquí reside la trampa central de toda civilización. Si el Derecho es solo fuerza, se convierte en tiranía. Si la fuerza no está encuadrada por el Derecho, se vuelve barbarie.

      La civilización ocurre cuando la fuerza se somete a reglas y las reglas están respaldadas por fuerza. Ese equilibrio es frágil y cuando se rompe aparecen las tragedias que la historia latinoamericana conoce demasiado bien: Trujillo como fuerza sin derecho, la intervención de 1965 como derecho internacional sin soberanía real, las dictaduras como legalidad sin justicia, los Estados fallidos como derechos sin fuerza.

      El Derecho nace del ejercicio de la Fuerza. La Fuerza es el sustento del Derecho. Lo que estas dos frases encierran no es cinismo, sino una advertencia. Cuando la fuerza deja de sostener al Derecho, el Derecho se vuelve papel mojado.

      Eso explica a Venezuela, Haití y Cuba hoy, la impotencia de la ONU y el retorno de una geopolítica brutal donde las reglas vuelven a depender de quien tiene los medios para imponerlas.

      El mundo entra otra vez en una fase donde la fuerza precede al Derecho, como ocurrió en 1914, 1939 y 1945. Después vendrá un nuevo Derecho, pero primero viene la fuerza.

      Victor Grimaldi Céspedes

      Victor Grimaldi Céspedes

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