Haití y la ausencia de liderazgo

La comunidad internacional administra emergencias en Haití sin lograr reconstruir el mando nacional efectivo.

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Victor Manuel Grimaldi Céspedes.

Victor Manuel Grimaldi Céspedes.

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Santo Domingo.– Cuando llegué a Roma en 2009, como embajador de la República Dominicana ante la Santa Sede, entendí desde el primer momento que Haití no era un tema colateral, ni una nota humanitaria más en la agenda internacional. 

Era —y sigue siendo— un problema estructural, profundo, cuya gravedad no se mide por el número de comunicados ni por la frecuencia de las misiones internacionales, sino por algo más esencial: la ausencia de conducción nacional.

Ese mismo año fui invitado a una cena reservada, discreta, de esas que no figuran en la prensa ni en los boletines oficiales, pero que a veces dicen más que una cumbre multitudinaria. 

Participábamos únicamente cuatro embajadores: Brasil, Estados Unidos, la República Dominicana y Haití. 

A la mesa se sentó también el arzobispo de Cap-Haïtien, un hombre que conocía el país no desde los informes diplomáticos, sino desde el contacto diario con su gente, sus miserias y sus esperanzas frustradas.

No era una cena social. Era, en el fondo, un intento de comprensión. Haití ya entonces mostraba signos claros de deterioro institucional, dependencia externa y fragilidad política. 

Yo había seguido el tema desde antes, pero en Roma —donde la perspectiva histórica y moral pesa tanto como la política— el asunto adquiría una densidad distinta.


    En un momento de la conversación, decidí formular una pregunta directa, sin rodeos, sin diplomacia retórica:

    —Monseñor, estamos hablando del año 2009. ¿Qué se puede hacer para resolver el problema de Haití?

    El arzobispo no dudó. No pidió tiempo. No adornó la respuesta con explicaciones largas. Me miró y dijo, con una serenidad que todavía hoy resuena:

    —Señor embajador, el problema de Haití es que no hay líderes.

    No habló de pobreza extrema.

    No habló de colonialismo.

    No habló de deuda histórica.

    No habló de intervenciones extranjeras.

    Habló de liderazgo.

    Diecisiete años después de aquella cena, esa frase se ha convertido en evidencia empírica

    Haití ha tenido presidentes, primeros ministros, consejos provisionales, enviados especiales, misiones de la ONU y planes internacionales

    Lo que no ha tenido es liderazgo legítimo, estable y reconocido, capaz de imponer autoridad, generar confianza y organizar el Estado.


    El asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, sin que cinco años después exista una verdad judicial concluyente, no es una anomalía: es la consecuencia lógica de un país donde el poder no se transmite, no se respeta y no se organiza. El crimen quedó suspendido en el aire porque no había Estado que lo cerrara.

    La comparación histórica es inevitable. En la República Dominicana, sesenta años antes, la eliminación de Trujillo fue esclarecida en cuestión de días. Con riesgos, con violencia posterior, con traumas profundos, sí; pero con instituciones funcionando, con una cadena de mando reconocible, con capacidad de investigación y decisión. No fue virtud moral: fue estructura estatal.

    Haití, en cambio, ha vivido atrapado en un ciclo donde la comunidad internacional administra la emergencia, pero no reconstruye el mando; donde se confunde ayuda con gobierno y asistencia con soberanía. Ninguna cantidad de recursos puede sustituir lo que falta en el núcleo: liderazgo nacional.

    Por eso, cuando hoy se escucha a muchos decir que hay que "hacer más" por Haiti, conviene recordar aquella cena en Roma y aquella respuesta simple y devastadora. 

    Ningún país puede exportar líderes. Ninguna frontera puede compensar la ausencia de conducción interna. Y ningún vecino puede cargar indefinidamente con las consecuencias del vacío político de otro Estado sin poner en riesgo el suyo.

    Aquella noche de 2009 no se resolvió el problema de Haití. Pero se dijo, con una claridad que el tiempo ha confirmado, cuál era su raíz. Y hay verdades que no necesitan repetirse: basta con que los años las confirmen.

    Victor Grimaldi Céspedes

    Victor Grimaldi Céspedes

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