La guerra que revela la debilidad de Irán

Rusia, China y otros países evitan involucrarse militarmente en el conflicto entre Irán, Israel y EE.UU.

Santo Domingo.– Las guerras, cuando estallan, suelen revelar realidades que durante años permanecieron ocultas bajo el ruido de la propaganda y las declaraciones ideológicas.

Guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos: aislamiento y desafíos militares

La guerra actual entre Irán, Israel y Estados Unidos está mostrando precisamente eso: que el poder que Teherán proyectó durante décadas en el Medio Oriente era en gran medida un poder indirecto, apoyado en milicias, propaganda y amenazas, pero no necesariamente en una red sólida de aliados capaces de sostenerlo en una confrontación directa.

Durante años se habló del llamado “eje antioccidental”, formado por Rusia, China, Irán y Corea del Norte. En los discursos políticos y en la propaganda regional parecía tratarse de una alianza sólida destinada a desafiar la influencia de Occidente.

La guerra ha demostrado algo distinto.

Cuando comenzaron los ataques estadounidenses e israelíes contra territorio iraní, ese supuesto eje estratégico se convirtió en una colección de silencios diplomáticos, declaraciones prudentes y gestos simbólicos.

Ninguno de esos países parece dispuesto a arriesgar una confrontación directa con Washington para defender a Teherán.

China pide moderación. Rusia emite declaraciones. Corea del Norte condena la guerra. Turquía intenta mediar. India mantiene su tradicional neutralidad.

Pero nadie entra en la guerra.

Ese aislamiento se explica en parte por la propia naturaleza de la política exterior iraní. Durante décadas, el régimen revolucionario prefirió construir una red de milicias ideológicas en lugar de alianzas estatales duraderas.

    Hizbulá en el Líbano, Hamás en Gaza, los hutíes en Yemen y diversos grupos armados en Irak formaron lo que Teherán llamó el “eje de la resistencia”.

    Ese eje funcionaba mientras la guerra era indirecta.

    Pero cuando el conflicto se traslada al territorio iraní, esas milicias tienen poco que ofrecer. Ninguna puede alterar decisivamente el curso de una guerra que se libra con aviación estratégica, sistemas de defensa antimisiles y superioridad tecnológica.

    Defensa aérea y economía en la guerra moderna

    Mientras tanto, la guerra también está revelando otra realidad menos visible pero igualmente importante.

    Las reservas militares occidentales, especialmente en materia de defensa aérea, no son infinitas.

    Un reportaje reciente del Financial Times muestra que Estados Unidos está explorando la posibilidad de recurrir a la experiencia de Ucrania para producir interceptores capaces de derribar drones iraníes de bajo costo.

    La razón es simple: los sistemas tradicionales de defensa aérea —como los misiles Patriot— son extremadamente caros. En algunos casos pueden costar millones de dólares por unidad.

    Los drones utilizados por Irán o por grupos aliados pueden costar apenas unos miles.

    Esa asimetría económica se ha convertido en una de las características centrales de las guerras modernas.

    Un dron barato puede obligar a lanzar un misil extremadamente costoso para interceptarlo.

    Por eso la experiencia de Ucrania, que ha desarrollado interceptores relativamente económicos para enfrentar los drones rusos y iraníes, se ha vuelto repentinamente valiosa para Estados Unidos y sus aliados.

    La guerra actual está produciendo, así, una paradoja estratégica.

    Irán intenta compensar su debilidad militar directa mediante el uso masivo de drones, misiles y propaganda informativa.

    Occidente responde con tecnología superior, pero también enfrenta el desafío económico de sostener sistemas de defensa extremadamente costosos frente a armas relativamente baratas.

    En paralelo, Irán intenta mantener la apariencia de fuerza mediante campañas de propaganda y narrativas de resistencia.

    Pero la realidad geopolítica es difícil de ocultar.

    El país enfrenta la guerra prácticamente solo.

    Ni Rusia ni China parecen dispuestas a intervenir militarmente. Turquía intenta evitar la expansión del conflicto. India mantiene una prudente distancia. Incluso algunos países que durante años mantuvieron relaciones estratégicas con Teherán prefieren ahora limitarse a declaraciones diplomáticas.

    En otras palabras, el régimen iraní descubre en medio de la guerra una verdad que la propaganda no puede ocultar indefinidamente:

    no tiene aliados dispuestos a morir por él.

    La historia internacional ofrece muchos ejemplos similares.

    Cuando las guerras comienzan, las alianzas ideológicas suelen transformarse rápidamente en cálculos estratégicos. Cada país mide los riesgos, evalúa sus intereses y decide hasta dónde está dispuesto a llegar.

    Y casi siempre el resultado es el mismo.

    Las verdaderas alianzas son aquellas en las que los países están dispuestos a defenderse mutuamente incluso cuando el costo es alto.

    Las demás suelen evaporarse cuando empiezan a caer las bombas.