El contexto actual incluye casos judicializados y denuncias de corrupción que exigen transparencia y sanciones claras
El presidente de la República ha sentado un precedente positivo al descender al aula escolar para compartir con estudiantes enfoques en valores morales y cívicos. Víctor Bautista nos explica cómo ve esa decisión presidencial y lo hace en dos minutos. Hola, qué tal, saludos.
En estos días hemos visto al presidente Luis Abinader visitar una escuela para impartir clases de moral y cívica.
En principio, el gesto es correcto y hasta necesario. La formación en valores democráticos no sobra en ninguna sociedad y que las máximas autoridades del Estado participen envía un mensaje de cercanía y responsabilidad pública.
Ahora bien, la comunicación no ocurre en el vacío, ocurre en contexto, y el contexto actual está marcado por un caso ya judicializado como Cenaza, donde el propio presidente ha sido enfático: quien cometa corrupción debe responder ante la justicia.
A eso se suman denuncias sustentadas en cifras que involucran a otras entidades del Estado, como el Banco Agrícola y Seguros Reservas, que aún esperan aclaraciones y procesos visibles.
Aquí aparece el riesgo comunicacional de que una acción pedagógica hacia la ciudadanía sea recibida como un gesto simbólico que no avanza al mismo ritmo que las consecuencias institucionales, y no porque el mensaje sea incorrecto, sino porque la expectativa social hoy está puesta en resultados y no en declaraciones.
Cuando el discurso educativo y la acción judicial avanzan juntos, el mensaje se refuerza. Cuando se separan, aparece la disonancia. En tiempos de sensibilidad reputacional, la coherencia no solo comunica mejor, gobierna mejor.