La crisis social y la corrupción se agravan en un contexto de influencia política y militar externa.
Santo Domingo.– Concluido el primer cuarto del Siglo XXI, podemos afirmar sin temor a equívocos que en nuestra patria de verdad la democracia real es un mito, la transparencia una falacia y la independencia una ficción.
Somos una sociedad dominada por una oligarquía capitalista transnacional y local, y una partidocracia corrupta, lacaya y conservadora; contrario al decir de quienes promueven y abrazan, desde la post verdad, una patria de mentiras y medias verdades.
En estos dos tercios de nuestra hermosa isla mandan un gobernador de colonia y cúpulas políticas y sociales capaces de comprometerse con Trump en la ficción de “combatir” un inexistente “Cartel de los Soles” para ayudar a secuestrar al presidente Nicolás Maduro e invadir a Venezuela y otras naciones hermanas; con el concurso un Canciller nativo, designado por la Casa Blanca, capaz de afirmar que los aviones de Pentágono radicados aquí y usados en esa operación, “no son aviones de guerra”.
Impera el dominio de EE. UU.sobre toda la isla, reforzado recientemente en esta parte de la isla con la intervención militar del Pentágono en la base de San Isidro y el Aeropuerto de las Américas.
A su vez, el hermano y vecino pueblo de Haití está azotado por una doble invasión de tropas y bandas terroristas manipuladas por el Pentágono y la CIA, para imponer el prolongado caos reinante bajo su control.
En nuestra querida RD los designios de Washington y el poder del dinero rigen las instituciones, incluido el sistema electoral… hasta convertir las votaciones en mercado, los/as electores/as en clientes y los partidos del sistema en compañías por acciones.
Aquí el despliegue recolonizador y neoconservador (neoliberal) ha sido brutal, aplastando soberanía y derechos; privatizando lo público en gran escala, endiosando el mercado, concentrando poder y riquezas en manos de las elites capitalistas, potenciando monopolios y oligopolios, generando una peligrosa crisis ambiental e imponiendo desigualdades tan crueles como grotescas…
Hasta llegar a configurar un gobierno empresarial, que bajo la gobernación colonialista de Luis Abinader y de unas cuantas familias multimillonarias y sus respectivas tecnocracias, está empecinado en completar la recolonización del país y amarrar la nación al palo podrido de un imperialismo decadente y asesino.
De ahí el asalto empresarial a las funciones estatales para apropiarse de todos los servicios públicos y propiedades estatales: sistema eléctrico, puertos, aeropuertos y autovías; con especial énfasis en la apropiación compulsiva y violenta del patrimonio natural del país: suelo, subsuelo, sobresuelo: incluidas playas, montañas y fuentes de agua.
Las vías son APPS, Fideicomisos, Comando Sur, onerosos contratos público-privados y endeudamientos amarrados a las privatizaciones; por lo que la estafa de SENASA, protegida durante 4 años, se mezcló con su privatización de la seguridad social y con la salud como negocio fraudulento.
A esto se suma un renovado impulso del colonialismo moderno en lo cultural, ideológico, mediático, económico, militar…paradójicamente mezclado e infectado por todo lo conservador; provocando el retroceso hacia un Estado más religioso, anti-laico, patriarcal, caudillista, racistas, xenófobo, homofóbico y adulto-céntrico.
El reto es desafiar y vencer esa ruta nefasta. impuesta desde la invasión yanqui de 1965 hasta la fecha. Vale por tanto el clamor: ¡Yanqui, vete a tu casa!